Un Premio por los Malos Buenos

  Por: Darío Pantoja B.

A inicios de marzo, El Premio Mujer Cafam galardonó a la actriz Johana Bahamón por su trabajo con la Fundación Acción Interna, creada para brindar segundas oportunidades a la población privada de la libertad en Colombia.

Desde hace 32 años se creó el “PREMIO CAFAM A LA MUJER” que se otorga a las mujeres como un reconocimiento a los proyectos sociales que consiguen una mejor calidad de vida a una población vulnerable.

Para este año ese merecido reconocimiento recayó en Johana Bahamón Gómez, una caleña que había sido conocida en el país por ser parte del mundo de la farándula y, que hoy, se conoce por los beneficios entregados a más de 30 mil internas, en 27 cárceles del país, a través de la Fundación “Acción Interna”, bajo su creación y dirección, gracias al conocimiento directo que en 2012 tuvo fortuitamente por sus labores de actriz, sobre las condiciones humanas de las reclusas en la cárcel “El Buen Pastor” de Bogotá.

Desde las iniciales actividades de teatro, el primer TEDx en una cárcel de Latinoamérica –Conferencias internacionales sobre Cómo convertir errores en oportunidades-, la primera agencia de publicidad carcelaria en La Modelo de Bogotá, y el primer restaurante gourmet abierto al público en un centro penitenciario de Cartagena, sus iniciativas y acciones se convirtieron en espacios de verdadera reconciliación a través de la integración de la comunidad carcelaria femenina y el Inpec.

Los aplausos para la homenajeada deben socialmente ser mayores si se considera que se trata de una labor que cubre la ineficacia e ineficiencia del Estado, con el principal de los fines de las sanciones penales, como lo es la resocialización; máxime cuando ésta está muy lejos de ser presupuestal y funcionalmente considerada como parte de la Política Criminal que las instituciones, teóricamente, siempre han debido promulgar y desarrollar.

 Ni el Inpec, ni el Ministerio de hacienda, ni la misma justicia miran a la población carcelaria como receptora de otros derechos por fuera de los mínimos a su favor, unos reconocidos mundialmente como los Derechos Humanos, inherentes por su condición de personas, y otros, los derechos que por elemental naturaleza tienen por su calidad de seres vivos, poseedores de sentimientos propios y familiares, y de aspiraciones para salir de la sanción que en muchos casos obedece al fin retributivo de la pena, propio de una sociedad que siente justicia cuando percibe la cárcel como gesto de venganza y no como un mecanismo de resocialización, menos de reparación.

 Mientras el Estado –nunca- no genere acciones criminológicas –preventivas- y no establezca con estas una verdadera Política Criminal, los ciudadanos seguiremos presenciando el crecimiento de una criminalidad en todos los sectores de la vida pública y privada, desde la ordinaria callejera hasta la sofisticada institucional y política, contando con la contradicción social de percibir los beneficios carcelarios para los delincuentes de cuello blanco –que generan mayores perjuicios sociales-, mientras que los internos por delitos ordinarios tendrán en las cárceles unas “universidades del delito”, como atinadamente lo expuso de antaño el inmolado jurista Emiro Sandoval Huertas.

 En el entretanto, bienvenidas y aplaudidas las altruistas acciones de personas como Johana Bahamón Gómez, quien por su premiación, dijo: “…No brindamos caridad, sino calidad”, acciones que indiscutiblemente repercutirán a favor de la sociedad, la que desde los púlpitos presidenciales sólo escucha que la solución está en el incremento de unidades de policía y en la compra de motocicletas y armas para ellas.

asesoriayderecho@hotmail.com

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