Años Viejos, Viudas y Testamentos en el Carnaval Multicolor de la Frontera

noviembre 18, 2019

En Ipiales realizar el año viejo o admirar como espectador, los motivos propuestos por los artesanos, son ritos que tienen que ver con la forma de expresarse de manera caricaturesca, un mensaje que se pretende hacer llegar a manera de protesta, en algunos casos, y de halago en otros. El concurso de años viejos, en principio permitió a los Ipialeños desahogar sus frustraciones e inconformidades ante el Sistema, pero por allá a inicios de los años 80 del siglo XX a cierto gobernante local no le gustó un motivo que representaba a uno de sus jefes políticos, y criticaba la “actitud urinaria” de este, por lo tanto para el siguiente año, prohibió la crítica política y la burla referida a personajes destacados, bajo el argumento que no es bueno “atentar contra la integridad física y moral de los ciudadanos”,

En la Edad Media, gran parte de los países europeos utilizaban el calendario juliano, allí el Día de Año Nuevo era asignado al 25 de marzo, llamado Día de la Anunciación, y recordado como el momento en que el Arcángel Gabriel le revela a María que “dará a luz al Hijo de Dios”.

Con la introducción del calendario gregoriano en 1.582, los países católicos comienzan a celebrar el Año Nuevo el 1 de enero. Tradicionalmente, se trataba de una fiesta religiosa, aunque en la actualidad ésta fecha es motivo de alegre celebración, alejada de las ceremonias litúrgicas. El 31 -más que el 24 de diciembre- es considerado el día más festivo del año en todo el mundo, muchos países  se preparan para la llegada del año nuevo.

En Nariño, especialmente en Ipiales, el 31 de diciembre no es un día común, es el más esperado, el más nostálgico, el que trae más recuerdos y añoranzas de tiempos idos, de los familiares que no están y los que llegan, precisamente para pasar el 31 juntos.

Aunque dentro del calendario Colombiano el 31 de diciembre no está marcado como festivo, -que si lo es el uno de enero- todo lo contrario, el último día del año es el más festivo: desde muy temprano las familias se preparan a vivirlo con intensidad y una de las tradiciones que se ha arraigado en las fiestas de fin y comienzo de año es la elaboración, en casi todas las casas, de los muñecos, años viejos que cada 31 de diciembre representan al año que termina.

Como gran parte de la historia de las fiestas de carnaval en Ipiales no se conoce, a ciencia cierta, de dónde proviene esta costumbre, al parecer viene de la república del Ecuador, la tradición de elaborar el muñeco de año viejo el 31 de diciembre; algunos analistas del carnaval de Ipiales, en cambio, le atribuyen esta costumbre a departamentos como Valle del Cauca y Cauca, en Colombia, donde se conoce a este muñeco como “taita puro”. (Foto-composición: Alirio Velásquez)

En la mayoría de los hogares ipialeños, desde el 28 de diciembre, se empieza a elaborar los monigotes, con la ropa vieja que se desecha en el año, rellenos de aserrín,  con caretas o máscaras que delatan alguna fisonomía de amigos o personajes; se pueden “reencarnar” en las cosas negativas o positivas que han sucedido en los últimos doce meses; En el proceso de elaboración al muñeco se lo va rellenando de todas las angustias, temores, sin sabores que deja el año para que  alrededor de la media noche, del treinta y uno, se las pueda quemar, liberar, purificar con el fuego.

El 31 de diciembre, en la mañana se sacan los años viejos a la puerta de la casa y generalmente los niños piden la limosna al transeúnte con el fin de reunir algún dinero para “tener con qué quemar al muñeco”, se prepara una comida especial, los pudientes comen pavo relleno, los pobres, -aunque sea pollo-; rondan las empanadas de harina, con azúcar por encima, el champús, la natilla, el vino de manzana, la champaña, y el aguardientico.

En torno a esta costumbre, en la Ciudad de las Nubes Verdes a finales de la década de los 60, del siglo XX, se creó el concurso de años viejos, que se realiza durante el desfile de los muñecos elaborados con diferentes técnicas artesanales por las principales calles de la ciudad, allí se muestra el talento a través de las propuestas plásticas de los artesanos que elaboran figuras de gran tamaño, representando generalmente un personaje reconocido de la vida pública; con escasas excepciones se propone como personaje, a un hecho también de trascendencia  positiva o negativa para la comunidad. Desde entonces existen artesanos que, muchos meses atrás, se dedican exclusivamente a la elaboración del motivo para concursar en el desfile de años viejos el 31 de diciembre; para otros este evento les ha servido de escuela para incursionar en el concurso de carrozas, el 6 de enero “día de Blancos” en el Carnaval Multicolor de la Frontera.

Como gran parte de la historia de las fiestas de carnaval en Ipiales no se conoce, a ciencia cierta, de dónde proviene esta costumbre, al parecer viene de la república del Ecuador, la tradición de elaborar el muñeco de año viejo el 31 de diciembre; algunos analistas del carnaval de Ipiales, en cambio, le atribuyen esta costumbre a departamentos como Valle del Cauca y Cauca, en Colombia, donde se conoce a este muñeco como “taita puro”. Aunque existe en la mayoría de países latinoamericanos a la costumbre se le atribuye un origen hispánico derivada posiblemente de rituales antiguos paganos europeos como las saturnales de los romanos. Se sabe, también que en algunos países como Perú y México, la existencia del taita puro, ya traía antecedentes autóctonos aborígenes prehispánicos en ritos agrarios y de purificación.

En Ipiales realizar el año viejo o admirar como espectador, los motivos propuestos por los artesanos, son ritos que tienen que ver con la forma de expresarse de manera caricaturesca, un mensaje que se pretende hacer llegar a manera de protesta, en algunos casos, y de halago en otros. El concurso de años viejos, en principio permitió a los Ipialeños desahogar sus frustraciones e inconformidades ante el Sistema, pero por allá a inicios de los años 80 del siglo XX a cierto gobernante local no le gustó un motivo que representaba a uno de sus jefes políticos, y criticaba la “actitud urinaria” de este, por lo tanto para el siguiente año, prohibió la crítica política y la burla referida a personajes destacados, bajo el argumento que no es bueno “atentar contra la integridad física y moral de los ciudadanos”,

En la mayoría de los hogares ipialeños, desde el 28 de diciembre, se empieza a elaborar los monigotes, con la ropa vieja que se desecha en el año, rellenos de aserrín,  con caretas o máscaras que delatan alguna fisonomía de amigos o personajes; se pueden “reencarnar” en las cosas negativas o positivas que han sucedido en los últimos doce meses

Esto terminó imponiéndose en los siguientes años, con la anuencia de los acaldes de turno -quienes siempre le han temido a la crítica-, y hoy en día parece imposible deshacerse de tal voluntad. Desde entonces quienes pretenden ser reconocidos por su trabajo deben optar por realizar motivos que únicamente resalten las cualidades de algunos personajes de la localidad o de los recocidos nacionalmente. El aprovechamiento de la caricatura artística y la crítica, a través de los muñecos de años viejos en Ipiales se perdió, coartando el derecho a la libre expresión y a la inconformidad.

Pero  a  nuestros  artesanos  esto  no  les  ha  significado  obstáculo alguno, pues a partir de ese veto, proyectaron su talento en la elaboración de imponentes muñecos para resaltar la personalidad o rendirle homenaje a una destacada figura de la vida pública o comunitaria, al punto que el desfile de años viejos en Ipiales, se ha constituido en una de las manifestaciones artísticas y culturales de más realce dentro del Carnaval Multicolor de la Frontera, por su alta calidad en la expresión plástica y popular.

Alfonso Reyes, pintor y escultor, profesor de artes, por muchos años en varios establecimientos educativos de la Ciudad,  se destacó por ser uno de los primeros en elaborar los años viejos con sus caretas hechas mediante la técnica del “papel maché” que consiste en machacar papel humedecido en agua, hasta obtener una contextura moldeable, o cortado en tiras que se pegan con engrudo, (pegante de harina de trigo cocida)   sobre un molde, generalmente, vaciada en barro o arcilla.

Concurso de Años Viejos, Modalidad Atístico. Primer puesto 2017(homenajea Gilbert Medina) integrante de Trío Gualcalá) (Foto Alirio Velásquez)

Quién no recuerda, a mediados de los  60, a los muñecos elaborados por el Maestro Reyes, de gran magnitud por sus medidas y exactitud en las facciones, además porque por iniciativa del médico Néstor Chacón Jaramillo y otros moradores  del  sector  de  la  calle diez   con carrera 7ª, se convertía, el 31 de diciembre en una verbena popular una vez terminaba el insipiente desfile de años viejos y viudas. Algo similar, ocurría en el Parque 20 de Julio con el año viejo elaborado por los chóferes de la Cooperativa   Supertaxis   del   Sur cuya caseta despachadora se encontraba sobre la esquina de la 6ª  con 9ª de dicho Parque, sobre la cual sentaban al año viejo acompañado por la Viuda representada, casi siempre, por Segundo Pío Tena.

A la costumbre de elaborar el año viejo, se adhiere la figura de “La Viuda”,   la esposa del año viejo   moribundo, representada por un hombre vestido con prendas femeninas que se pintarrajea y actúa como una mujer casquivana, infiel, que al tiempo que llora al difunto, guiña el ojo y, a la fuerza, llena de besos las mejillas de los machos sonrojados espectadores. La Viuda mientras gimotea y coquetea pide unas monedas, dizque para enterrar al moribundo esposo pero que, generalmente, y con ciertas excepciones, ese dinero termina en las cajas de las licorerías  y con las exageradas borracheras de los disfrazados.

Con el concurso de años viejos nace el concurso de viudas, cuya figura más representativa en sus inicios fue  don Segundo Pio Tena. En la década de los 90 del siglo pasado el teatrero y danzarín ipialeño Gerardo Rosero, retorna desde la Capital de la República y participa en el concurso de viudas proponiendo un número escénico que rescata la imagen de este personaje, para llevar mensajes de paz, inconformidad, moralejas a través de la esposa del año moribundo. Por ese entonces se consagran otros artistas como Gilberto Nazate, -el Popular “Chileno”- Fabio René Rosero, Ricardo Solís, Fabio Verdugo, Rodrigo Ayala, Amilkar yépez, entre otros;  se incorporan a la propuesta de realzar el papel de la Viuda en el desfile de años viejos, para innovar esta figura que se había convertido en una simple caricatura de la mujer lloricona y besucona que incomodaba el ego varonil de algunos espectadores; Hoy, muchos opinan que el personaje se desfiguró y más que una representación de viuda es un simple disfraz individual desligado del año viejo, elemento esencial de esta manifestación artística; pero al igual que lo ocurrido con el desfile de años viejos, en Ipiales la Viuda, como motivo de carnaval ha tomado características únicas que muchas veces se separan de lo que podría representar  el  monigote  o  muñeco;  sin  dejar atrás los cientos de personajes disfrazados de viuda, fuera de concurso, que siguen haciendo su agosto con las limosnas que reciben de los acosados espectadores.

Con el concurso de años viejos nace el concurso de viudas, cuya figura más representativa en sus inicios fue   don Segundo Pio Tena.

Año viejo Casero, Ganador del Primer Concurso en esa modalidad (Barrio Alfonso López, 1993). Elaborado con desperdicios producidos de los productos que se vendian en la Plaza los Martírez, como gajos y hojas de plátano, embolturas de la panela, y demás… (foto: Alirio Veásquez)

En 1.994 aparece una nueva modalidad de concurso de años viejos. Es en la época de la administración del Alcalde Eduardo Realpe Chamorro, En ese entonces, concluyendo que los años viejos que se elaboraban para exhibirse en los alares de las casas, en los barrios o en la carrera 6a. se elaboraban con tal ingenio que eran dignos de concursar, pero por su  sencillez en  la  técnica  había  que  diferenciarlos  de  los años viejos que se pensaban para el concurso en el desfile. En los primeros años a este concurso se lo denomina el de los “años viejos caseros”, se lo hizo sin desfile,  los jurados tenían que desplazarse a cada uno de los sitios donde estaban exhibiéndose los monigotes para calificarlo, pero tiempo después se concluyó que el trabajo e idea de los artesanos que elaboraban a los años viejos caseros se desperdiciaba porque, si acaso, los únicos que podían apreciar esa calidad artística y desprendimiento de talento, eran sus familiares y vecinos del barrio, por tal razón se decidió adherir al desfile la modalidad del año viejo casero que a inicios del siglo XXI, transmuta su nombre al de “año viejo artesanal”.

Tanto los años viejos caseros como en los de concurso llamados “artísticos”, al lado del muñeco va adherida una cartulina, o cartón donde se plasma el mensaje, que deja el agonizante monigote, un documento jocoso y satírico al que se lo denomina “testamento”,  hace un recuento de los sucesos que caracterizaron el periodo que acabó y recomendaciones que el moribundo deja a sus protagonistas para que las cumplan en el nuevo año. 

El Testamento, hace un recuento de los sucesos que caracterizaron el periodo que acabó y recomendaciones que el moribundo deja a sus protagonistas para que las cumplan en el nuevo año. Es otra de las costumbres involucradas en los concursos de las fiestas; son estrofas escritas por los literatos del pueblo, los escritores locales, letanías satíricas, que abundando en figuras literarias como la metáfora, las imágenes, los símiles y la jocosidad, ridiculizan y parodian las actuaciones de los personajes del año y los hechos que de alguna manera se convierten en legado, la herencia que deja el viejo que a la media noche inexorablemente morirá.

Termina el desfile al filo de las 4:00 de la tarde, la gente comienza a recogerse en sus casas, en el barrio, para empezar a departir con sus familiares y amistades. El “muñeco casero” que había quedado tirado en alguna sala de la casa vuelve a tomar vida y es sacado, nuevamente, al portón, para su exhibición; se adecua el equipo de sonido con los bafles hacia la calle y empiezan a sonar las clásicas de “Yo no olvido el año viejo”, “Faltan Cinco pa’ las doce”, “La víspera de año nuevo” y muchos otros, que reviven aún más las nostalgias. A semejanza de la Noche Buena, también se prepara la cena en la que familiares y amigos degustan, aunque el propósito es estrechar lazos familiares y de amistad, además de participarse mutuamente toda clase de parabienes, pero a diferencia de Navidad,  si alguno de los miembros de la familia se va a celebrar a otra parte, no se darán por ofendidos.

Acercándose media la noche, no es raro encontrarse con un vecino o vecina que le pide una moneda de $ 200, o que en la esquina está comprando un paquete de uvas, o el manojo de espigas de trigo, -bueno los cucos o pantaloncillos amarillos ya se han comprado en la tarde, o el día anterior- agüeros que,  -junto al huevo en un vaso de agua puesto a oscuras, al filo de la media noche, las tres  papas: la una pelada, la otra a medio pelar  y la otra con todo cáscara-, hacen parte de las creencias de fin de año, está también aquél que, como agüero, no deja de tomarse sus tragos cada año en la despedida del año.

Un poco antes de las  12:00 de la noche, los muñecos son ubicados en la mitad de la calle para encenderles fuego, como ritual de purificación, donde al incinerar al muñeco, que representa el año que termina, se pretende quemar todo lo malo que pudo haber ocurrido en esos 12  meses.

En la media noche, entre el 31 diciembre y el 1 de enero, el rito del fuego es un lapso de transición pues también se celebra la llegada del nuevo año aboliendo lo anterior, la supresión de lo pasado y la regeneración del tiempo y de las energías que evidencian el simbolismo que los ipialeños fijamos para cada una de nuestras actuaciones, lo que evidencia que no podemos desarraigarnos de nuestros ancestros quienes rindieron culto al fuego que representa lo que termina pero al mismo tiempo lo que comienza.

Son las 12:00 de la noche, desde las iglesias cercanas llega el tañer de las doce campanadas y el tema “Faltan Cinco pa’ las Doce” se reproduce en todas los equipos de sonido, “anunciando que el año viejo se va”, el nuevo llega cargado de promesas, la alegría y la nostalgia desbordan el alma, hay abrazos, felicitaciones, llanto de quienes no han llorado durante el año, – los que sí lo han hecho, ni se diga- jolgorio y baile; en tanto que en todos los corazones flota la añoranza de un año que termina y la esperanza de alcanzar mayor éxito durante el año que comienza. Los vecinos pasan, se abrazan, departen al sabor de una copa de licor, desean “un feliz año” y se van a la casa contigua.

Año Viejo Artistico, “Música Maestro” primer premio, presentado por el Artesano Luis Tobar López (2016) (Foto; Alirio Velásquez)

El 31 de diciembre último día del año, es todo un acontecimiento para los Ipialeños, es un rito pagano del cual no podemos, ni queremos, desprendernos porque es una disculpa más para prepararnos a vivir el Carnaval. Desde el 31 de diciembre empezamos esa catarsis, ese desdoblamiento, el culto al dios Cronos, ofreciéndole como sacrificio un monigote relleno de papel, trapo y aserrín con alma de un pasado corto, y purificándonos a través de ese ofrecimiento, se espera como recompensa un tiempo mejor lleno de esperanzas y paz y principalmente de deseos que se reparten entre abrazos sinceros, súplicas de perdón, arrepentimiento y promesas para el nuevo tiempo.

El Acuerdo 026 de agosto 10 de 2012, del Concejo Municipal de Ipiales, que reconoce al Carnaval Multicolor de la Frontera como Patrimonio Cultural Inmaterial del Municipio, incluye al 31 de diciembre como parte integral del Carnaval pues, hasta ese entonces, este día era tomado de manera aislada, como parte de las fiestas de fin de año, separado de las actividades de Carnaval, sin tener en cuenta que toda expresión artística que se genera alrededor de la celebración del 31, hace parte fundamental de todo el ritual que conforma esta manifestación cultural única como lo es el Carnaval de Blancos y Negros de Ipiales,

Tomado de Historias de carnaval, Volumen I. Alirio Velásquez V. Ediciones Excedra. Ipiales 2013.

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