EL SAINETE DE LA DEMOCRACIA EN COLOMBIA

Por: Alfonso Cabrera J.

Los antiguos griegos serán recordados por siempre por haber inventado el concepto de la democracia, una idea brillante y conmovedora consistente en promover la participación ciudadana de manera directa, inmediata y general para alcanzar el bien general. Esta idea con el tiempo se ha convertido en la gran Utopía de la humanidad, en la brújula que orienta a los pueblos en la construcción de sociedades más justas e igualitarias.

Si bien ese es el origen de la democracia, como muchos otros ideales, se han ido pervirtiendo, ante la ignorancia o las indiferencias, salvo valiosas excepciones de líderes históricos que han dado la vida por la defensa de los derechos, las libertades y la vida con dignidad. En realidad la democracia colombiana es una burla a la esencia política, un sainete cruel de sangre y corrupción, un circo de payasos descarados que se ríen del dolor del pueblo.

Es extraño que después de doscientos años de historia y de miles de muertos, de enormes esfuerzos que llevaron a vencer y a expulsar al tirano monárquico de nuestro territorio, a estas horas no tengamos claro que los famosos padres de la patria, solo fueron fantoches que levantaron las banderas de la libertad para ocultar sus oscuros intereses.

Todas las grandes familias, o los grandes apellidos de caudillos que se creyeron los únicos capaces de gobernar, la pura sangre de la alcurnia, vanidosos iluminados para manejar los destinos de la república, solo fueron perros hambrientos detrás del botín de las arcas públicas.

Hoy nuevamente el país vive la temporada electoral, viejos y nuevos personajes, que a duras penas saben leer y escribir, aparecen con ínfulas de legisladores o estadistas, movidos por su voraz apetito de figurar, transar, negociar cargos y contratos, con el pretexto de ayudar al pueblo.

Hoy escuchamos por todos los medios de comunicación, las ridículas cancioncillas vanidosas de esos seres angelicales, perfectos, sin macula, cuerpos gloriosos que derrocha virtudes, llenos de valores y talentos, almas cristalinas y generosas bendecidas por el cielo, seres omnipotentes que no solo derrochan virtudes, sino que también posan de sabios dueños de todas las soluciones a los problemas del país. Nada más grotesco y vulgar. Pero si hay algo peor que un candidato en campaña, es la gente que les cree, o que aparenta creerles a cambio de cualquier mendrugo.

En nuestro país existe la macondiana epidemia del olvido que se contagia cada cuatro años, cuando se borra el disco duro de la memoria de la gente, y se olvidan que hace cuatro años atrás ocurrió lo mismo, que recibieron las mismas promesas, los mismos discursos, pura mentira. O peor, candidatos elegidos que no hicieron nada, que hoy están destituidos o en proceso de muerte política por ladrones y corruptos, -claro que ellos le llaman persecución política-.

La gente olvida, no quiere ver, o simplemente son cómplices de los honorables delincuentes del Estado, que prefieren el plato de hornado, que luego cobrarán con la plata de la educación de sus hijos, con el presupuesto de las medicinas que no recibirán sus familiares, con el desempleo y la delincuencia de los cuatro años siguientes, con la plata de las carreteras y acueductos.

A estas alturas de la vida es evidente, notorio, claro y contundente, que el 99% de los candidatos se lanza a la arena electoral para robarse los dineros de los desayunos escolares, de los hospitales, del ICBF, el SENA, las Cajas de Compensación, las empresas de salud, o para hacer negocio con las Fiscalías, Procuradurías, y todas las instituciones de justicia. A estas alturas, todos sabemos que los políticos son los responsables de la gran crisis nacional, del costo de la vida, por ellos nada funciona, por ellos aumenta la delincuencia, han destruido todas las esperanzas y oportunidades de las nuevas generaciones, de jóvenes que no se jubilaran ni tendrán casa ni familias decentes. Claro, hablo de la inmensa mayoría del pueblo, que son los que sostienen a la pequeña rosca que se lleva todo.

Otra cosa simpática, vergonzosa y trágica, es que todos los candidatos, sin excepción, se consideran el verdadero cambio, repiten que son diferentes, que ellos si van a trabajar por el pueblo, como lo han repetidos todos los ladrones de la historia, reconocen que el país está gobernado por corruptos, que el gobierno es incapaz, y los candidatos juran que ellos van a cambiar la historia, el viejo cuento para llegar a hacer lo mismo, darle la espalda al pueblo y robar.

Los politiqueros más sospechosos son los que exhiben arrogantes y derrochadores, la publicidad más costosa, más grande, esos son los de la apuesta mayor, ellos van por lo suyo, van por recuperar el triple de la inversión, van por los contratos de construcción de carreteras o acueductos, peajes o notarias, las gerencias, van a saquear el presupuesto y a esclavizar a los pobres empleados y sus familias.

Los pobres esclavos de la política, son esos seres miserables que fueron vinculados a algún cargo y son triplemente explotados, por políticos que los ordeñan mensualmente, que los obligan a comprar boletas, rifas, a poner cuotas para el cumpleaños del jefe, de la mujer del jefe, y en campaña política corrompen a toda la familia, a sus amigos y vecinos.

Con la claridad de que no sirve de nada, quiero volver a recomendar, en esta jornada electoral no se convierta en otro idiota útil de los vampiros del estado, vote por los sectores populares, por los indígenas, por los afro, por las mujeres campesinas, por los líderes sociales que siguen asesinando, por los que no tienen maquinaria, por esos escasos líderes sin afiches, sin canciones ridículas, o vote en blanco, pero no se convierta en cómplice de los que le roban a usted y sus hijos, su educación, su salud, su tranquilidad, su futuro.

luisalfonsocabrera@yahoo.es

1 Comment

  1. María Victoria Polo Pabon

    Muy buen artículo como siempre Alfonso, pero, desafortunadamente solo queda en una reflexión para los que si nos interesa no continuar con lo mismo de hace más de 200 años, por lo tanto seguiremos otros doscientos años más, porque la terquedad, la ignorancia y sumale a la pobreza de muchos que no quieren un verdadero cambio y un futuro acertivo para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos

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