Aproximación Histórica

al Carnaval Multicolor de la Frontera

(Segunda entrega)

La Fiesta de los Negritos tiene su origen en el Cauca, la cual se extendió hacia el Sur y llegó a los municipios y veredas del sur de Nariño. Ya en el siglo XVII en Barbacoas se hacían pantomimas carnavalescas, con juego de máscaras y borrachera, donde participaban tanto españoles como criollos, negros e indígenas, una antesala de lo que sería la fiesta más popular y reconocida del sur occidente colombiano (Muñoz, 2007, p132 ss).

En el Cauca la fiesta de los Negritos se ha celebrado desde la Colonia y cobra especial fuerza en el siglo XIX (Millana, 1997) después de la ley que daba libertad a los esclavos, “el 5 de enero, a la hora nona, como dirían los antiguos romanos, se daba principio a los preparativos para divertirse y, antes que las sombras de la noche envolvieran a Popayán, se encendían luminarias en la ciudad, invadida por mojigangas ridículas, tiznadas las caras, por lo cual se les llamaba los Negritos.

El hecho de tomar parte activa en la diversión era como patente de corso para ejecutar locuras y liviandades” (Córdovez, 1997, p. 836), además se relata también en el libro del escritor payanés, escrito a finales del siglo XIX, cómo se celebraban fiestas desde el 28 de diciembre, con las célebres inocentadas que jugaban nuestros abuelos también en Ipiales, hasta el “martes de Carnaval” (p. 837), de tal manera que la influencia es innegable.

También describe el Carnaval de Pasto, durante su permanencia en 1854, de donde se deduce que éste se celebraba antes de nochebuena y no en los primeros días de enero, ya que describe con lujo de detalles como les lanzaban huevos llenos de aserrín y hollín desde los balcones, para luego describir como se celebraba la nochebuena.

Afiche Promocional de la exposición del Maestro Carlos rosero V. en Barichara Santander del 28 de diciembre de 2022.
Avelino vela Coral es uno de los autores de la ley 131 de 1993, por medio de la cual se crea la municipalidad de Obando con capital Ipiales

El periódico Ensayos, de la Sociedad del Carácter de Ipiales, fundada en 1913, recoge en su No. 17, del 15 de enero de 1916 la siguiente nota:

“NEGRITOS. El día 6 del presente, un grupo de artesanos obsequiaron a la sociedad de Ipiales con un baile de máscaras, en el cual hicieron derroche de cultura, de honor y placer. Bien por los que saben enaltecer el trabajo y divertirse a lo caballeros” (Chaves-Bustos, 2019).

Esta breve nota que descubrimos en nuestras pesquisas da a entender que ya en las primeras décadas del siglo XX se jugaba ya el tradicional juego de negritos.

 

además tiene una connotación muy importante y es el carácter popular-social de la fiesta, en el sentido de que es un grupo de artesanos quienes obsequiaron la fiesta, recordando que en ese año se funda la Sociedad de Obreros en la ciudad, que aglutinaba a este importante gremio, las cuales decantarían después en los sindicatos de Motoristas de Obando (1936), Zapateros (1937), Peluqueros (1945), Sastres, Artesanos, Carpinteros, entre otras, y que tendrían importancia vital para el desarrollo social de la ciudad, además de fortalecer los nexos culturales, ya que eran ellos quienes montaban las obras de teatro, entre otras las escritas por Félix María Morillo Cabrera, así como el montaje de poesías, como las del bardo Florentino Bustos, entre otros.

La nota sobre los Negritos de 1916, además, desmitifica un poco el tema de que las fiestas fuesen exclusivas de ciertas familias económicamente pudientes y con poder político, de las cuales se hablará más tarde, sino que la breve nota muestra el sentido popular de la fiesta, además de que obsequiar implica un sentido de afecto por el otro, hay implícito un trato considerado frente a la sociedad, de ahí que se resalte la vitalidad del sentido de esta palabra. Tan importante ha sido la presencia de los obreros en la ciudad, que con ocasión del centenario de la municipalidad se anota que:

“obreros fueron quienes marcharon en la vanguardia de las campaña por el afianzamiento de nuestra independencia; obreros quienes expusieron sus vidas en defensa de nuestra integridad territorial; obreros quienes han estructurado la fisionomía  democrática; obreros quienes han decidido el afianzamiento de la paz que nos embarga, porque con su serenidad, su comprensión y su alto espíritu patriótico y nunca desmentido amor al terruño, jamás se han comprometido en empresas de odio ni de retaliación” (Ipiales, 1963).

Reinas y Reinados en Fiestas y Carnaval

En la década de 1920 se presentan los primeros reinados en la ciudad, para entonces, algunos jóvenes ipialeños salieron a estudiar su bachillerato a Popayán o Bogotá, trayendo, cuando regresaban o en temporada de vacaciones, las costumbres de dichas ciudades, como las fiestas de los estudiantes, las cuales se celebraban eligiendo su reina, entre las cuales figuran Leonor Ortega Mora, Clemencia Vela, Isabel Eraso Martínez, elegidas en la década del 20 (Pantoja, 2003).

Para acompañarla, se elaboraban carrozas, las cuales eran decoradas con flores hechas en papel seda, así como con algunos monigotes o figuras alegóricas elaboradas en papel mache; la elección y coronación se realizaba en los patios de la casona de Ulpiano Telmo Miranda, de tal manera que la nota publicada en Ensayos puede tener directa relación con estas celebraciones, “en el programa no podía faltar, bajo ningún motivo, los discursos protocolarios y las recitaciones de versos de algún espontáneo, así como la participación musical de las mejores orquestas ipialeñas, que las había de óptima calidad y buen prestigio” (Pantoja, 2003, p. 126).

En 1924 se celebraban fiestas, eligiendo por voto popular, mediante la compra de un bono, a la respectiva  reina del arte y la melodía, siendo elegida Leonor Ortega Mora, el 27 de abril de dicho año; la coronación se realizaba en una casa particular, en este caso de la señora Leonor Rivera, “entrando la reina con sus princesas, ministros y demás personajes honoríficos y, a la vez con el fin de colaborar a una compaña cívica que dotaría de uniformes a la banda municipal, de acuerdo a la iniciativa del alcalde Benjamín Alvarado” (Fundación Josefina Obando, 2013, p. 316).

El poeta Florentino Bustos (1924) anota que el señor Azael Martínez donó la proyección de una película con el fin de recoger fondos para la Banda Municipal, que la iniciativa fue del reinado fue de los señores Benjamín Alvarado y Manuel María Echeverría y que se amenizó con la música de la banda ipialeña.

En abril de 1925 resulta elegida como reina del arte y la melodía Clemencia Vela, en acto especial amenizado por las orquestas Morales Pino y Lira Colombiana.; el 1 de mayo fue coronada y el 19 de agosto organizó un concierto musical con los conjuntos de la ciudad, bajo la dirección del maestro Teófilo Monederos.

En 1931, con ocasión del centenario de la muerte del Libertador, “se dejó de adelantar el reinado de la Simpatía que tenía por objeto -como siempre lo fue- el de organizar bailes y festivales en donde se recolectaban fondos para el ornato y el mantenimiento del nuevo teatro y la consecución de un proyector de cine” (Oviedo, 2006 p. 243), reconociendo la labor social que desempeñaban las Reinas, como Leonor Primera, elegida en la década de los 20, quien adelantó importantes proyectos para dotar al Hospital de una moderna sala, la cual fue bautizada con su nombre.

Las reinas en un inicio tenían un compromiso social  muy definido, a muchas de ellas se deben obras sociales como el Hospital San Vicente, el Teatro Bolívar, así como el ornamento de parques y calles, la dotación de hospitales, ancianatos y orfanatos, de tal manera que si bien el componente de la belleza física era importante, aún lo era más el pertenecer a una familia con buenos recursos económicos y buenas relaciones, para poder emprender estas labores sociales.

Los reinados por tanto, constituyen un elemento importante para las fiestas de Ipiales, inicialmente se elegían en abril y mayo, lo cual muestra el distanciamiento con la fiesta de los Negritos, aunque a partir de 1976 se vinculan ya al Carnaval de Negros y Blancos, con unas características diferentes a las de los reinados de los años 20 a 50, ya que se imponen modelos estéticos semejantes a los que imperan en los reinados nacionales desde Cartagena.

Pese a ello, con el nombramiento de la primera reina por decreto, Ana Lucía Enríquez Miranda, en la administración del alcalde Néstor Villota Méndez, los reinados han tenido un fuerte contenido barrial o gremial, ya que son estos quienes han participado en esta especie de concurso, pasando de la simple belleza física, al conocimiento de las artes o del propio carnaval, como se puede desprender del texto escrito por Gabriel González (2002), el cual ha sido actualizado y ampliado, el cual espera ser nuevamente editado. En la actualidad se elige Reina y Reinita del Carnaval, esta última elegida o nombrada desde 1983, cuando se designó por decreto a María Alicia Pinzón Montenegro.

Fiestas y Carnavales

En 1926, con ocasión de haberse iniciado antes la construcción del Ferrocarril en Nariño, el cual comenzó en Aguaclara, Tumaco, se festejó en Ipiales que una de las líneas, por lo menos en papeles, comunicara a Ipiales con el resto del país por vía férrea, a tal punto que el 3 de junio de ese año se celebró una especie de carnaval, con cuadrillas de máscaras, fiestas de toros en la plaza La Pola y el día 4 se llevó a cabo una batalla de flores en la misma plaza y en la de La Independencia y el día 5 se finalizó la celebración con fiesta y orquestas (Fundación Antonia Josefina Obando, 2013, pp. 121-126), lo cual recuerda, sin lugar a dudas, un carnaval, con junta organizadora y capitanes a bordo.

La nota de prensa en Ensayos, además, desmiente que el carnaval tenga su origen en los años 30 (Andrade, 1979), fecha que se ha perpetuado entre varios estudiosos del tema (Guerrero, 2001; Caicedo, 2016), desconociendo los antecedentes que pueden ser anteriores al siglo XX, tema que debe investigarse y estudiarse, desconociendo el proceso de fiestas y celebraciones que se venían adelantando ya en la comarca.

La alusión a que el Carnaval de Negros tenga su origen en el corregimiento de Las Lajas en 1895, cuando el sabio pedagogo Rosendo Mora, fundador del Colegio Bolívar de Tulcán y del San Luis Gonzaga en Ipiales a finales del siglo XIX, se burló de la Virgen y empezó a tiznar con cenizas a los concurrentes al santuario (Guerrero, 2009), nos parece muy inverosímil, no solamente porque no fue excomulgado por dicha actitud, que nunca ha sido comprobada, sino que se debió al encono que el obispo de Pasto, Ezequiel Moreno Díaz, le tuvo al profesor Mora por departir las ideas liberales en su colegio, de ahí que allá buscado asilo en Ecuador y haya recibido el espaldarazo y el apoyo total de Eloy Alfaro.

Además porque estudiando la obra y la trayectoria del profesor tuquerreño, a todas luces se percibe un ser más bien introspectivo, dedicado al estudio científico, no en vano murió siendo el subdirector del Observatorio Astronómico del Ecuador en Quito. Y por último, porque por más liberales que se precien de ser los habitantes de Ipiales, siempre han guardado un respeto y una veneración por la Virgen de Las Lajas, de tal manera que si la burla hubiese sido real, otro hubiese sido el destino final de Mora Rosero.

Como se ha dicho, el contexto de las primeras décadas del siglo XX es muy importante para el desarrollo del municipio y de la ciudad, además porque desde 1904 se vive la autonomía departamental; aparecen las principales sociedades culturales y de obreros, como se ha mencionado; en 1906 se crea la Banda Municipal, participando cuanto evento social, cultural y político se han realizado desde entonces, como en la recepción de la llegada de los presidentes Suárez de Colombia y Baquerizo del Ecuador en 1920; en la coronación de las reinas, entre otras Leonor I y la visita de Romelia I de Pasto; la visita de Stella Márquez, reina de Colombia y en las famosas retretas que se hacían en los parques La Pola y La Independencia. También están presentes en los Carnavales en los años 60 (Oviedo, 2006).

Lastimosamente no existe un estudio sobre la música en los carnavales de Ipiales, lo más cercano es lo que se ha escrito sobre las murgas, además, porque como anota Martínez (2011): “La alegría de un pueblo que camina danzando en los carnavales a los festivos acordes de un grupo de guitarras y bandurrias, todo burbujea en el aire” (p. 61).

En Ipiales, a partir de la década de 1940, diferentes grupos de campesinos llegaban del sector rural al casco urbano, con sus guitarras, quenas, flautas, pingullos y bombos, así como los grupos indígenas con sus instrumentos de viento y percusión, así como uno que otro instrumento de cuerdas, como el violín, “a estos los acompañaban grupos de músicos de la época comandados por don José Montenegro Rosero, el “Ñato”, integrante de la Banda Municipal” (Velásquez, 2013, p. 64), quienes los acompañaba con el saxofón, de tal manera que aquí se encuentran unos antecedentes que sería muy importante seguir rastreando.

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