¿Por qué el RELATO domina al mundo?
El relato ha sido la herramienta más poderosa creada por la humanidad: une, moviliza y también manipula. En esta columna, José Humberto Guerrero explica cómo las narrativas moldean sociedades enteras y determinan lo que creemos, defendemos y tememos. ¿Quién controla hoy los relatos que guían al mundo?

Por : José Humberto Guerrero

El hombre no conquistó el planeta por la fuerza física ni por ser más sabios o por nuestra inteligencia, sino por nuestra capacidad única de crear y creer en mentiras compartidas. El Homo sapiens aprendió hace 70,000 años que una historia bien contada podía unir a millones de extraños bajo un mismo propósito. Esta habilidad transformó a tribus en imperios y convirtió simples pedazos de papel en divisas globales, permitiendo que la información y la tecnología se expandieran a una velocidad vertiginosa.

En ese orden, los humanos solo tenían que creer el mismo relato. Y un mismo relato puede darse a conocer a miles de millones de individuos. El relato puede conectar un número ilimitado de personas. Por ejemplo, los 1.400 millones de la Iglesia católica conectados con la Biblia; los 1.400 millones de ciudadanos chinos conectados por la ideología comunista y nacionalista, y los 8.000 millones de habitantes de la Tierra conectados a la red de comercio mundial a través de relatos sobre divisas, compañías y marcas.

Hoy, el relato ha dejado de ser una herramienta de supervivencia para convertirse en el motor de realidades intersubjetivas. No estamos unidos por verdades biológicas, sino por construcciones mentales: la Iglesia se sostiene en la Biblia, las naciones sobre una bandera y la economía mundial sobre la confianza en marcas y algoritmos. Sin  embargo, este poder es un arma de doble filo. Al no ser realidades objetivas, crea identidades que, aunque ficticias, dictan quién es nuestro aliado y quién nuestro enemigo.

Las corporaciones y las ideologías modernas operan bajo la misma lógica que los mitos antiguos: crean identidades e intereses que solo existen en nuestra mente. El peligro reside en que, al ser construcciones sociales y no leyes de la naturaleza, estos relatos suelen ser moldeados para favorecer intereses particulares, dando paso a la manipulación masiva. Esa es la trampa de la narrativa moderna.

Ante el bombardeo constante de narrativas modernas, debemos actuar con pensamiento crítico y juicio. No aceptes un relato solo porque te parece bonito; cuestiona, traduce y analiza a quién beneficia, y recuerda que, así como los humanos inventamos estas historias para colaborar, tenemos el poder de desecharlos cuando dejan de servir al bien común. Solo así podremos diferenciar la información verdadera y la falsa.

En conclusión, el relato es la tecnología más poderosa y peligrosa creada por la humanidad. Es el pegamento que nos permite construir civilizaciones, pero también la venda que nos impide ver la realidad detrás de las ideologías y los intereses corporativos. Cuando un relato deja de ser una herramienta de cooperación y se convierte en una prisión ideológica, el equilibrio del poder se distorsiona. Ya sea por imponer narrativas falsas, la construcción de relaciones ficticias, crear realidades intersubjetivas o producir redes humanas a gran escala. Las redes basadas en relatos hicieron del hombre el animal más poderoso del planeta, al conferirle una ventaja decisiva sobre animales y especies humanas remotas. El relato sigue teniendo un alcance humano inimaginable.

creerjhg63@gmail.com

 

 

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