CARTA ABIERTA A AMÍLCAR PANTOJA

Por : Alveiro Tulcán Ortega

Usted, en representación de un pueblo aguerrido a las faldas volcánicas —forjado como soldados cretácicos—, carga una responsabilidad que trasciende gustos, poderes y dinámicas que hemos normalizado en nombre de una democracia soñada por pensadores como Aristóteles y Platón, donde el pueblo decidía el destino de su territorio.

 

Hoy, sin embargo, asistimos al infortunio en el que se ha convertido la política: la baja participación ciudadana, sumada a la captura de lo público por monopolios voraces, ha reducido la gobernanza a una carrera por raspar la olla antes de ejercer. Mientras tanto, los electores de a pie siguen apostando su voto en una ruleta rusa de gobiernos irresponsables, solo para terminar decepcionados, intentando desplumar los pajaritos imaginarios pintados en campaña.

A su regreso, muchos —me incluyo— esperábamos un discurso mesurado, alejado de la atmósfera polarizante que ha marcado nuestra historia: liberales y godos, derechas e izquierdas, guerras recicladas en distintos nombres. La misma rivalidad de siempre, mientras el pueblo, cansado de las afrentas, entra en un bucle que termina, paradójicamente, en aplausos que poco transforman la realidad.

En su discurso usted afirmó: “Les voy a decir algo a los cultores del carnaval: si las cosas siguen así, tampoco va a haber carnaval porque nos quitaron los recursos”.

Alcalde, entiendo que se refiere a cuentas bloqueadas y sanciones heredadas. Pero esas obligaciones debieron resolverse con responsabilidad desde el inicio. Los sancionados deberían ser quienes administraron mal, no el municipio ni su gente. Hoy, como tantas veces, los corruptos engrosan sus arcas mientras los ciudadanos pagan las consecuencias.

Lo preocupante no es solo el problema financiero, sino el mensaje: amenazar —sin sustento suficiente— a quienes sostienen la esperanza desde la educación y la cultura. Usted, hombre de academia, debería estar del lado de su gente: de quienes construyen más que concreto, de quienes sostienen el tejido simbólico de Ipiales. Porque el saber popular —patrimonio vivo de las y los ipialeños— no solo resiste: sueña. Y toda juntanza, cuando es genuina, es poderosa.

También afirmó: “Hoy estoy aquí y vengo a seguir el plan de desarrollo”.

Entonces, es necesario preguntar:

¿Qué pasó con la Casa de los Pueblos en Rumichaca?

¿Qué sucedió con HOLA CULTURA?

¿El teatro municipal seguirá reducido a bodega y parqueadero?

¿Dónde están las 86 escuelas de formación prometidas? ¿Cuántas existen hoy?

¿Por qué no se ha ejecutado la premiación del carnaval 2025–2026?

¿Qué ha pasado con procesos culturales como el festival de cine, los festivales de danza, el festival internacional de teatro y el de música campesina?

Estas no son preguntas menores. Son compromisos adquiridos en su diagnóstico y proyectados en su plan de desarrollo, respaldado por más de cuarenta y tres mil almas que aún esperan.

Los líderes están llamados a hacer historia junto a su gente. Sepa que organizaciones, gremios, artistas independientes, la niñez y la juventud pueden volver a creer, pueden volver a construir con usted. Pero esa confianza no se decreta: se gana con hechos.

Ipiales no solo resiste. Ipiales espera.
Siempre y cuando se puedan abrir las puertas de la innovación, la dignidad y el futuro a las próximas generaciones.

La pregunta, alcalde, es: ¿usted estará a la altura de esa esperanza?

Cordialmente:

Alveiro Tulcán.

teatrovivo.tulcanortega12@gmail.com

0 Comments

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otros Artículos

¡Envíanos Tu Artículo!