La Serenísima República
Por : Eduardo David Chalapud Narváez
Siquiera tenemos las palabras (2019) es el libro de Alejandro Gaviria, ingeniero civil, doctor en Economía y exministro de Salud, quien en ese momento era candidato a la presidencia. Su trayectoria profesional resulta más que pertinente para evocar lecturas previas que cobran vigencia en un contexto marcado, cada vez con mayor urgencia, por la necesidad de una cultura política sólida.
Su relato propone una comparación sumamente clara entre la literatura y la política, y reflexiona, por supuesto, sobre la legitimidad de los distintos actores que participan en los escenarios electorales.
En su texto, Gaviria trae a colación La Serenísima República, de Joaquim Machado de Assis, el cuento más célebre de uno de los escritores más importantes de América Latina. La conferencia inicia con referencia a una concurrida reunión cuyo propósito era revelar un descubrimiento: se puede influenciar el lenguaje fónico de las arañas —el idioma arácnido, una lengua rica y variada—. Esto se refleja en la capacidad del científico para incidir en el régimen social de estas criaturas, trasladando a ellas un experimento que replica las mismas creencias e instituciones legítimas de los seres humanos.
Dado que el régimen social es fundamental para la supervivencia de cualquier sistema, a esta nueva sociedad de arañas se le entregan las bases de un gobierno “idóneo”: una república a la manera de Venecia¹, mecanismo que, en algún momento, habría de complicar la paz, la convivencia y la disposición política de la anhelada sociedad de las arañas.
En el relato se establece un procedimiento electoral mediante el sistema de bolsas y bolas, cada una marcada con el nombre de un candidato. Su función representativa y democrática consistía en que cada año un “oficial de las extracciones” seleccionaría a los elegidos para el ejercicio de los distintos cargos de la administración pública.
De esta manera se desarticulan la elección por mayoría, la codicia y la pasión, y se cede el campo a la suerte y al buen juicio. El mecanismo se ejerció con la mayor atención y cautela. Así, la fabricación de la bolsa “fue una obra nacional… tejida por los mejores hilos, obra sólida y espesa” (Machado de Assis, 2013, p. 139).
Se conformaron cuatro partidos de arañas con sus respectivos aspirantes: el partido curvilíneo, cuya ideología sostiene que las telas deben tejerse con virtud y conocimiento, es decir, con hilos curvos; el partido rectilíneo, que pregona la justicia y la entereza, representadas con hilos rectos; un partido de centro, llamado, a conveniencia de sus integrantes, rectocurvilíneo; y un cuarto partido que lo niega todo.
La primera elección transcurrió con tranquilidad, pero uno de los encargados declaró que había sido viciada por la duplicación del nombre de uno de los candidatos en la bolsa. Verificada la denuncia, se determinó reducir el ancho de la bolsa.
En la segunda elección, un candidato fue omitido “por descuido” o “por distracción” de la bola correspondiente. Como la distracción no estaba penalizada —era, al fin y al cabo, una sociedad naciente—, se resolvió revocar la ley anterior y ampliar el ancho de la bolsa.
En la tercera elección se eligieron dos representantes, pero ambos fueron descalificados: al primero le faltaba la letra inicial en la inscripción de su bola, y al segundo le faltaba la letra final. Los afectados protestaron y la revisión del proceso determinó que el encargado de introducir las bolas en la bolsa había “viciado intencionalmente la ortografía de los nombres”. Para evitar nuevos contratiempos, se decretó que la bolsa sería confeccionada en forma de red, a fin de garantizar mayor transparencia y vigilancia.
En otra elección se buscó nombrar al representante encargado de recaudar las contribuciones; entre los candidatos estaban Caneca y Nebraska. La bola extraída fue la de Nebraska, pero le faltaba la última letra, lo cual dio pie para que Caneca, mediante un filólogo, argumentara que la bola elegida no decía Nebraska sino el nombre de su contrincante. A raíz de esta falla, se decretó modificar las dimensiones de la bolsa en “forma cilíndrica, triangular, cuarto lunar creciente”, entre otras formas.
Ya hastiados por las trampas sucesivas y las reformas que desviaban la atención del acto electoral —en virtud de la tendencia del individuo a maximizar su propio beneficio—, la sociedad de arañas y quienes confeccionaban la bolsa esperaban con paciencia la llegada de Ulises, sí, el de la sabiduría, quien con su prudencia habría de dictaminar una solución adecuada.
Las costumbres políticas se transforman bajo el manto de la democracia. Las reformas adoptadas no son más que soluciones provisionales en una sociedad acechada sin cesar por el espectáculo, la confrontación y el discurso de ajusticiar a quien no comparte las ideas de la mayoría ni de la minoría. Las normas se acomodan a los intereses de quienes las redactan y se adaptan a una ciudadanía cada vez más indiferente, agotada por la retórica. Quizás Ulises sea la solución.
La fábula de Machado de Assis no es solo un cuento sobre arañas: es un espejo en el que cualquier sociedad puede reconocerse. Su lección más profunda es que ninguna institución, por bien diseñada que esté, sobrevive a la deshonestidad de quienes la operan. Las bolsas, las bolas y las reformas sucesivas no eran el problema; el problema era la voluntad de engañar. Y esa voluntad no desaparece con más normas, sino con más ciudadanos dispuestos a exigir cuentas.
La democracia no se salva cambiando las reglas del juego cada vez que alguien las viola, sino formando personas que valoren el juego mismo. Leer literatura política —como lo hace Gaviria al rescatar este relato— es un ejercicio de lucidez ciudadana: nos recuerda que los vicios del poder tienen nombre, historia y solución, siempre que haya quienes, como Ulises, tengan la sabiduría de nombrarlos y el coraje de enfrentarlos.
La manera en que Venecia aseguraba su preponderancia regional consistía en una organización institucional al servicio de una oligarquía de mercaderes, cuyo objetivo era evitar que el poder recayera en un solo hombre —en ese caso, el príncipe— y excluir al pueblo del gobierno.
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Referencias
Gaviria, A. (2019). Joaquim Machado de Assis y la política. En Siquiera tenemos las palabras (2.ª ed., pp. 43–62). Ariel.
Machado de Assis, J. (2013). El alienista y otros relatos (1.ª ed.). Universidad Veracruzana.


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