Gobernar el turismo, asegurar el agua: lo que aprendí en RIBER 2026

El 7 y el 8 de octubre de 2026 estuve en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, en Santiago, participando en el Congreso de la Red Iberoamericana de Prospectiva, RIBER 2026. Llegué con una pregunta que en el sur de Nariño pocas veces se hace en voz alta. ¿Quién gobierna el futuro del turismo en una frontera que todavía no termina de creerse destino?

Por Eduardo David Chalapud Narváez
Columnista

Mi conferencia llevó por título "Gobernanza anticipatoria en destinos turísticos emergentes: escenarios prospectivos para el sur de Colombia". Partí de un diagnóstico que cualquiera en la región reconoce. Trece municipios del sur de Nariño tienen paisaje, historia, santuario, gastronomía propia y un paso de frontera por el que se mueve buena parte del intercambio con Ecuador, pero carecen de una visión compartida sobre qué hacer con ese potencial. Cada municipio planea por su cuenta, y casi siempre con un horizonte que no va más allá del periodo del alcalde de turno. El resultado ya lo conocemos. Muchas veces el visitante llega a Las Lajas, se toma la foto y sigue de largo, sin quedarse una noche más en el territorio.

Frente a ese panorama, expliqué el trabajo que desde la academia venimos adelantando con la Cámara de Comercio de Ipiales y la Corporación Unificada Nacional de Educación Superior (CUN) para formular planes, programas y proyectos que le den al turismo de algunos municipios lo que hoy no tiene, que es gobernabilidad. Gobernar un destino exige anticiparse. Eso se logra con una planeación de largo plazo, con municipios que compartan su información en lugar de guardarla y con una mesa donde lo público y lo privado se sienten a construir juntos el turismo que la región quiere tener. Esa mesa ya empezó a armarse. Con la intervención de la Cámara de Comercio de Ipiales, seis municipios han decidido articular esfuerzos para la construcción del Plan Sectorial de Turismo 2026-2036, un primer paso para que el turismo del sur de Nariño se piense y se ejecute con horizonte de una década y no de un periodo de gobierno.

Ese plan es la hoja de ruta. Por eso dediqué el centro de mi exposición a la creación del Clúster Turístico Regional de la Frontera, la estructura que debe llevar a la práctica lo que el plan defina. La propuesta reúne en un mismo espacio a hoteleros, restaurantes, transportadores, guías, agencias, artesanos y operadores comunitarios, entre otros, para que el turismo deje de ser una suma de esfuerzos sueltos y se vuelva una cadena productiva. De ahí sale lo que más le interesa a la región, que es el empleo. También sale desarrollo productivo y tecnológico, porque en una época de cambio como la que vivimos el uso de la superinteligencia permite leer la demanda, ordenar la información de los visitantes, diseñar rutas, anticipar temporadas y llegar a mercados que una agencia pequeña de Ipiales difícilmente alcanzaría sola.

Nada de esto se sostiene sin el tridente Estado, empresa y academia. La academia aporta el método y la gente formada; la empresa, la inversión y el conocimiento del mercado; el Estado, la norma, el presupuesto y la continuidad. Y ahí tuve que decir la parte incómoda. Lastimosamente, la alianza se queda coja cuando falta la voluntad política de los entes territoriales. Podemos tener los estudios, los escenarios y los actores identificados, pero si las alcaldías y la Gobernación no asumen el clúster como propio, el proyecto termina en un estante esperando al siguiente gobierno de turno.

El congreso tuvo quince paneles de expertos en prospectiva y estudios de futuro, con temas tan variados como las organizaciones, el trabajo, la política exterior, la democracia, el hábitat, las ciudades y los territorios, la educación, la juventud y la superinteligencia. El que más me llamó la atención fue "Soberanías del futuro: agua, energía y alimentación".

En ese panel se debatió la seguridad hídrica de los países latinoamericanos, y confieso que me tocó muy de cerca. En Ipiales nadie necesita que le expliquen la relevancia del tema; llevamos mucho tiempo lidiando con los problemas de abastecimiento de agua y sabemos de primera mano lo que significa abrir la llave. Lo que más me impresionó del debate fue constatar que la escasez hídrica avanza sin consideración, en ciudades grandes y en municipios pequeños, en países con fama de tener agua de sobra y en los que siempre la han tenido escasa.

La conclusión del panel fue contundente y la comparto. La escasez de agua tiene que tratarse como una pandemia. Eso exige políticas claras de los Estados y, en el caso colombiano, asegurar recursos para que los 1.103 municipios del país garanticen su seguridad hídrica durante los próximos cincuenta años. Medio siglo es un horizonte prospectivo de verdad, mucho más amplio que cualquier plan de desarrollo de cuatro años, y obliga a pensar en cuencas, páramos y acueductos que todavía no existen.

Para eso sí existe dinero en el mundo, y sabemos dónde está. El Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Verde para el Clima, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y la CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, tienen como función proporcionar recursos económicos, asistencia técnica y acompañamiento institucional a los países para proyectos que garanticen el acceso al agua potable, mejoren los acueductos y el saneamiento básico, protejan las fuentes hídricas, restauren cuencas y promuevan el uso sostenible de los recursos naturales. Financian también iniciativas para prevenir la escasez, enfrentar los efectos del cambio climático, reducir el riesgo de sequías e inundaciones y fortalecer la infraestructura hídrica en zonas rurales y urbanas. Según el tipo de proyecto y los requisitos de cada uno, ofrecen préstamos, donaciones o financiación combinada.

Los Estados latinoamericanos tienen toda la intención de acceder a esos recursos, y en Colombia el Gobierno nacional va a comenzar a gestionarlos ante la banca multilateral. El problema, como lo he visto tantas veces, aparece en lo local. Y no es un problema de capacidades. En Ipiales y en el sur de Nariño existe un muy buen talento humano, con profesionales formados en nuestras universidades, investigadores que conocen el territorio y gente que sabe formular, sustentar y presupuestar un proyecto. Lo que falta es la voluntad de ir por esos recursos. Mientras el Estado abre la puerta, muchas administraciones municipales se quedan esperando a que la plata llegue sola, y el municipio que no toca esa puerta a tiempo se queda por fuera, por urgente que sea su necesidad. El talento está; lo que no puede seguir faltando es la decisión política para colocarlo a trabajar.

De Santiago traje una reflexión que vale para Ipiales y para cualquier municipio de Nariño, y que prefiero plantear desde lo posible. La plata para el agua existe, el talento humano está en casa y el Gobierno nacional se dispone a abrir la puerta de la banca multilateral. Son condiciones que no siempre coinciden a favor de una región como la nuestra. Lo que falta, la voluntad de ir por esos recursos ante el gobierno nacional depende de nosotros. Esta es una gran oportunidad que ningún municipio puede darse el lujo de desaprovechar, y la ciudadanía tiene mucho que aportar. Podemos preguntar en el concejo y en la alcaldía cuántos proyectos de seguridad hídrica están formulados, acompañar a quienes los preparan y exigir que se presenten a tiempo. La escasez de agua es un problema serio, pero tiene salida si la asumimos como una prioridad de todos y no como una tarea que siempre queda para el próximo periodo de gobierno.

ecpdavid@gmail.com j

 

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