El 20 de julio: ¿independencia o transición?

Por: Jhon Jairo de la Cruz

En las instituciones educativas, los maestros enseñamos que el 20 de julio Colombia se independizó del dominio colonial del Reino de España; que un florero y un altercado fueron el detonante de la libertad; que éramos esclavos y logramos ser libres; y que los criollos lucharon por el pueblo. Sin embargo, si leemos y analizamos con mayor profundidad los fenómenos históricos, encontramos una realidad menos romántica y más objetiva: lo que realmente ocurrió en Colombia no fue una “independencia” plena, sino la transición del poder monárquico al poder burgués.

España se replegó hacia Europa. Entonces, ¿quién tomó el poder? ¿Los indígenas, los campesinos, los negros o los mestizos? La respuesta es clara: no. El poder pasó de las manos de los funcionarios reales, legítimamente españoles, a los criollos adinerados, es decir, españoles nacidos en América, hacendados, comerciantes y terratenientes que, aunque gozaban de poder económico, estaban excluidos del poder político por la Corona. Para consolidar el modelo de la burguesía europea, solo les faltaba controlar el gobierno y la administración del territorio. Así, el 20 de julio de 1810 marcaría el inicio del proyecto nacional burgués en Colombia.

Los criollos fundaron la República, pero conservaron muchas de las prácticas heredadas de la monarquía. Más que un cambio de estructura, hubo un cambio de nombre. Dejamos de tributar al rey para responder a una nueva élite. La tierra ya no pertenecía a la Corona, sino a un reducido grupo de propietarios. La estructura social continuó sustentándose en la desigualdad, con élites dominantes y sectores subordinados, entre ellos esclavos, encomendados y campesinos, quienes ahora, simplemente, eran llamados ciudadanos colombianos.

La dependencia económica tampoco cambió de rumbo. Se mantuvo un sistema basado en la explotación de los recursos naturales; solo cambió el beneficiario. La riqueza dejó de dirigirse principalmente hacia España para favorecer, en buena medida, los intereses ingleses y, posteriormente, norteamericanos, fortaleciendo una nueva forma de dependencia. Mientras tanto, las relaciones de carácter feudal continuaban predominando en amplias regiones de la nueva nación.

La política y la democracia fueron apenas destellos de una libertad para elegir y ser elegidos. Aunque figuras como Simón Bolívar impulsaron proyectos de independencia política y social mediante ejércitos y movimientos populares, la burguesía criolla terminó, según esta interpretación, por obstaculizar, traicionar y desmantelar buena parte de ese proyecto.

Por lo tanto, desde 1810, la independencia ha transitado por dos caminos. El primero, el de un país burgués y oligárquico que ha defendido históricamente un modelo basado en la concentración de la tierra, del poder y de la riqueza, así como en la exclusión y la represión. El segundo, el de ese otro país conformado por mestizos, indígenas y afrodescendientes, históricamente sometidos a la pobreza, la falta de acceso a la tierra, las limitadas oportunidades educativas y la permanente aspiración de ascender socialmente, aunque sea para convertirse en un pequeño burgués colombiano.

jhonjairodelacruz1988@gmail.com 

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