La batalla cultural va en serio.

Por : Alveiro Tulcán

Hay tanto que escribir sobre el primer mes y unos días del gobierno actual, pero, vaya, solo me referiré al atentado cultural de hoy en día.

Un gobierno que no ampare el accionar en pleno de sus artistas, gestores, productores y sabedores tradicionales en el territorio los condena a tal punto que el olvido queda a centímetros de la verdadera brecha.

En primera medida, Colombia es un país que no conoce a profundidad su cultura y la asocia al espectáculo básico de la pantalla, el dinero; en síntesis, la farándula criolla y sus excentricidades. Ahora, del otro lado del filtro pantalla, hay un ejército de mujeres, hombres, comunidad lgbtiq+, campesinos, negritudes apostándole a la creación y promoción de piezas de alto valor simbólico e intelectual.

 

Pero muchos de ellos viven en el completo anonimato porque, en definitiva, la cultura no da rentas electorales. En ese juego de damas, la estrategia es clara: el circo y el pan se unen como sucedía en la antigua Roma, mientras los grandes monarcas aumentaban sus arcas y territorios a costa de sangre y desolación otorgado por ellos mismos, que registran su apoyo y voto en las urnas.

 

El arte construye país 

La situación actual en Colombia, la falta de pagos y garantías para el porvenir de los artistas colombianos raya en lo absurdo.

El arte resignifica a los pueblos, mantiene su memoria. Por eso es tan vital y necesario que, desde la Guajira, los Llanos, la región Andina, la costa Atlántica y Pacífica y, por supuesto, el santuario natural de la selva amazónica, no deje por ningún motivo deje de ser patrullada por estos nobles individuos que bailan, pintan, actúan, escriben y construyen país sin balas y falsas promesas de libertad.

Todos escuchamos música. Todos, en algún momento, hemos sido cautivados por la genialidad de un porro sabanero, de Toto la Momposina, de la marimba tumaqueña. Para muchos de estos próceres es la única fuente de financiación.

Pero la ministra prefiere negar el derecho ganado por más de 27 años de lucha, desde el mismo instante que se creó el Ministerio de Cultura, y prefirió reconstruir iglesias cobijándose en una emergencia real como la ocurrida el 10 de agosto en nuestro país, de por sí magullado, pero desfinanciando procesos inmateriales.

No siendo suficiente con esto, sale la resolución 1887, negando la vigencia en curso de becas y reconocimientos del programa nacional de estímulos

¿Será que esa reconstrucción no podrá ser posible con las donaciones a la emergencia?

¿Será que esa reconstrucción del patrimonio material no se la dejamos al ministro paseador?

¿No será mejor darse una vuelta por los espacios culturales en Pereira, Manizales, Quibdó, levantados con el apoyo que hoy en día están negando?

El gobierno está a tiempo de trabajar para los colombianos y no para los genocidas, pro yanquis y corporaciones multinacionales que tanto daño le han propinado a América Latina.

La batalla no es en contra de su pueblo. La batalla es por la cultura del territorio, por la educación, la autonomía universitaria, alimentaria y la libertad de soñar macondos imposibles.

Suena optimista, pero no es una visión recomendada para la patria milagro.

teatrovivo.tulcanortega12@gmail.com

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