La Felicidad consiste en “Ser” y no en el “Tener”
En una sociedad que confunde la felicidad con la acumulación, la Ciencia de la Felicidad recuerda que el verdadero bienestar no nace del “tener”, sino del “ser”. Mientras el materialismo nos empuja a buscar validación en objetos y estatus, la psicología positiva demuestra que la plenitud surge cuando nuestras acciones están alineadas con nuestros valores y propósito. La felicidad no es un lujo ni una emoción pasajera: es una forma de vivir con sentido, lejos de la competencia y más cerca de la coherencia interior. La verdadera prosperidad no reside en lo que acumulamos, sino en aquello que da significado a nuestra existencia.
Por : José Humberto Guerrero
El 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la FELICIDAD, estado que el hombre ha buscado a través de la historia; muy pocos la han encontrado, la mayoría aún la siguen buscando. Sin embargo, los países mal llamados “subdesarrollados” son los que mayores niveles de alegría y satisfacción poseen, contrario a los desarrollados. Wenceslao Unanue, científico, la aborda desde la ciencia de la felicidad y la define como: propósito y sentido de la vida.
En la vertiginosa carrera de la modernidad, hemos aceptado un dogma silencioso: la felicidad es una acumulación de trofeos, coches y lujos. Sin embargo, la Ciencia de la Felicidad nos advierte que hemos confundido el mapa con el territorio. Al priorizar el “Tener” sobre el “Ser”, la sociedad contemporánea no ha generado mayor bienestar, sino una epidemia de vacío existencial.
Desde la psicología positiva, la distinción entre estos dos modos de existencia es vital. El “Tener” se basa en la validación externa: el estatus, el último smartphone o la cuenta bancaria. Es una carrera en una cinta de correr hedonista donde, por más que corramos, el horizonte de la satisfacción siempre se aleja. Unanue argumenta que esta prioridad cultural erosiona nuestra salud mental porque el “Tener” es, por definición, insaciable y comparativo. Hemos confundido propósito con productividad y riqueza, con el espejismo del consumo y derroche desbordado.
Frente a esto, la propuesta científica es un retorno al “Ser”. Es un llamado a usar el materialismo con mesura y razonamiento. El bienestar auténtico emerge cuando nuestras acciones están alineadas con nuestros valores internos y nuestras fortalezas. La felicidad, bajo esta óptica práctica, no es una emoción fugaz de alegría, sino la experiencia de una vida con sentido. Esto es lo que se denomina la Revolución del “Ser” y el Propósito.
Tener un propósito no significa realizar gestas heroicas; es indicio de encontrar un “para qué” en lo cotidiano, pequeñas cosas que nos pueden hacer felices. La ciencia de la felicidad demuestra que tener un propósito y sentido de vida claro fortalece el sistema inmunológico, el sistema emocional, aumenta la resiliencia y mejora la longevidad, abundancias que el consumo material jamás podrá comprar.
Nuestra cultura premia al “tener” y castiga a la persona sabia y prudente que escoge el camino del “Ser”. Se nos educa para la competencia (tener más que el otro) en lugar de (ser con el otro). Este desbalance es el origen de gran parte del estrés crónico actual: estamos tan ocupados en el “tener” que nos olvidamos de “ser” humanos. En conclusión, la felicidad no es algo que se adquiere en una vitrina; es algo que se cultiva en el silencio y en la coherencia de las acciones. Si continuamos sacrificando nuestro tiempo, salud y relaciones en el altar del “Tener”, seguiremos siendo una sociedad materialista, pero pobre de espíritu. La verdadera prosperidad no reside en llenar nuestras manos de riquezas, sino en llenar nuestras vidas de razones para que nuestra existencia valga la pena. Al final del día, no nos llevamos lo que tenemos, sino aquello que nos distingue del “montón”, de los demás.
En última instancia, el éxito de una civilización no debería medirse por su capacidad de acumular, sino por la capacidad de sus ciudadanos para despertar cada mañana sintiendo que su existencia tiene un significado real. Si no vivimos para algo, terminaremos muriendo por nada.

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