LA OFRENDA DE LOS RICOS

  Por: Alfonso Cabreara J.

La ayuda es errada y tardía, si esa generosidad de hoy, para fortalecer el sistema de salud, para apoyar la educación de los marginados, si los mercados, la protección del empleo, las herramientas, los créditos, hubiera sido parte de un plan nacional para derrotar la pobreza, hoy no haría falta la filantropía y los mercaditos. Ellos siempre prefirieron invertir en la dotación para las fuerzas armadas, para contener desordenes. Pero las cacerolas siguen golpeando, cada día que avanza la cuarentena se escucharán más cacerolas, entre otras cosas.

La minera australiana Anglo Gold Ashanti después de muchos años de explotar el oro de nuestro país, debido a la pandemia donará elementos de protección a Antioquia, Bogotá y Medellín. Entregará 2.000 mercados para las familias más necesitadas, 5 termómetros láser, kits de aseo, jabón y naranjas. Además. destinará $350 millones para adecuar una sala de internet en la alcaldía de Jericó y $60 millones para los bancos de alimentos de Bogotá y Medellín. 

Por su parte, el magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo anunció un aporte de $82.000 millones de pesos, en mercados para familias vulnerables, kits para pruebas médicas y la adquisición de ventiladores médicos. El empresario confirmó que también ayudará con un plan de alivio en sus Bancos Aval por un billón de pesos. Billones de pesos que han salido del presupuesto nacional de los pobres colombianos, para ayudar a los magnates banqueros, ý evitarle perdidas al patrón.

El otro magnate, Julio Mario Santo Domingo, ha donado 24 mil millones de pesos a la Universidad de los Andes, para financiar las carreras completas en esta universidad, para 300 estudiantes pobres, durante doce años. A propósito del grupo Santo Domingo, recordamos que hace unos años hizo la venta histórica de Bavaria a Sab Miller, una negociación en el gobierno de Uribe, que dejó de pagar impuestos por una suma de mil quinientos millones de dólares. La donación de hoy no llega ni al 0,5% de los impuestos de esa transacción.

Todas estas y otras donaciones aparecen en los titulares de las primeras páginas de los periódicos del país, haciendo gala de filantropía y generosidad, para figurar en los noticieros, publicidad gratis para estas empresas, que en últimas son las culpables de la concentración de la gran riqueza y la propagación de la pobreza. El éxito de unos cuantos negocios son la prueba de la mayoritaria miseria del país.

Los cacerolazos ya se escuchan en los barrios pobres, son miles, reclaman las ayudas que anuncian por televisión, las famosas donaciones de los magnates. En la televisión aparecen los funcionarios entregando diez bolsitas en alguna calle de cualquier ciudad, pero los miles, millones de colombianos, salen a las calles enojados porque las bolsitas no llegan. Se preguntan ¿en dónde las están entregando, a quien las están entregando, cuantas veces van a entregar?.  

La ayuda es errada y tardía, si esa generosidad de hoy, para fortalecer el sistema de salud, para apoyar la educación de los marginados, si los mercados, la protección del empleo, las herramientas, los créditos, hubiera sido parte de un plan nacional para derrotar la pobreza, hoy no haría falta la filantropía y los mercaditos. Ellos siempre prefirieron invertir en la dotación para las fuerzas armadas, para contener desordenes. Pero las cacerolas siguen golpeando, cada día que avanza la cuarentena se escucharán más cacerolas, entre otras cosas.

Señores magnates, señores cacaos, grupos económicos, trasnacionales, no necesitamos su caridad ni donaciones, su verdadera responsabilidad legal y social es la de pagar impuestos, ese es su deber. Pero ya sabemos, que ustedes se ahorran los impuestos, patrocinando y poniendo presidentes, para que les hagan las reformas tributarias exonerándolos de ese detalle burocrático, para que les hagan leyes que favorezcan sus negocios, para obtener licencias de explotación de la riqueza nacional, para autorizar tarifas, y recibir aportes del erario, aunque sea de las pensiones de los trabajadores, para aliviar los créditos, para poder hacer donaciones. El pueblo colombiano no necesita sus limosnas, el pueblo exige el pago de impuestos.

luisalfonsocabrera@yahoo.es

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