La Semana que se Fue

  Por: Darío Pantoja B.

Hace aproximadamente 11 años, por iniciativa de la Casa de la Cultura, nuestra ciudad tuvo el privilegio de la visita del periodista paisa Javier Darío Restrepo. Catedrático universitario, intelectual, columnista, escritor, merecedor de múltiples premios y reconocimientos nacionales e internacionales y, sobre todo lo anterior, conocido por ser coherente y experto en ética periodística.

Javier Dario Restrepo (QPD). Foto La Ipialeñísima

Lo recuerdo mientras dirigía su discurso, ubicado de pie y apoyado por su espalda sobre el muro que divide el escenario del recinto público del llamado “Teatro municipal” de la casa de la Cultura de este terruño fronterizo.

Sin contar nunca con el espíritu de periodista que sólo pertenece a pocos de los miles comunicadores del mundo, hice presencia en ese lugar atraído por la importancia del expositor, generada además de la autoridad de su nombre, por las voces de quienes lo conocieron en vida como quien ejerció el periodismo como una verdadera pasión. Se dijo que Javier Darío Restrepo decía que el periodismo era “algo que arde en el alma y en la mente de la persona”.

Decía el comunicador Javier Darío Restrepo, que con ocasión de los fallos de la Corte Constitucional desde 1998, lo importante del periodista no es que sea egresado de una facultad universitaria, sino que la actividad la desarrolle con la ética y la independencia como factores imprescindibles para que un comunicador social sea un Periodista y no otra cosa.

Hoy traigo a colación un fragmento de la vida de ese maestro del periodismo, con ocasión de los últimos acontecimientos que suceden al interior de la Revista Semana, en consideración a tratarse de uno de los medios escritos con mayor credibilidad en el país, siendo destacada durante toda su historia desde su refundación en 1982. por la investigación, la objetividad y la valentía con que su personal periodístico se introdujo en los temas más espinosos de las noticias nacionales, provocando con ello reacciones sociales e institucionales que generaron a su vez investigaciones, juzgamientos y condenas por el putrefacto funcionamiento que en ocasiones se desarrollan en las cúpulas del poder público y sus ramas del Estado.

Esa postura periodística hizo que los sectores afectados con las denuncias públicas, tildaran a la Revista Semana como un medio absorbido por la izquierda partidista y el terrorismo y, supuestamente, que era un obstáculo de la democracia y la justicia.      

Hace pocos días llamó la atención para quienes tenemos a los medios serios como fuente importante de criterio personal, que en la revista Semana se haya producido la renuncia de trece periodistas, incluidos el presidente del Grupo Semana, Alejandro Santos y el Director de la revista, Ricardo Calderón.

Lo grave es que no se trata de una situación laboral como consecuencia de alguna desavenencia gerencial, sino de una partida súbita de nombres que engalanan la independencia del periodismo nacional y que llevaban muchos años como parte de ese equipo periodístico.

Se pudo conocer que todo se gestó con la designación de la comunicadora Vicky Dávila en la Dirección general de la revista y el inminente anuncio de fusión entre las ediciones impresa y digital de la misma revista, siendo esta última abordada por comunicadores de tangible apego a los destinos dirigidos por el expresidente Álvaro Uribe, junto con la nueva directora.

Los que precipitadamente marcharon de la revista Semana, lo hicieron bajo un loable respeto a la independencia como factor imprescindible del periodismo, a favor indiscutible del ciudadano de a pie, tal como siempre en vida lo promulgó y lo cumplió el maestro Javier Darío Restrepo.

Así las cosas, la revista Semana se muestra bajo un radical y triste cambio cuando pasaría de ser un medio de periodistas valientes a otro que sería en adelante, un parlante subyugado de un sector poderoso del país, el que requiere voces más fuertes para acallar las de un pueblo dolido y cansado del abuso del poder que ahora se tomará lo que le faltaba para completar una “democracia” a la estatura y conveniencia del “presidente eterno” y sus abnegados y gratos benefactores. Señor elector, salve usted la patria!

asesoriayderecho@hotmail.com

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