La Tercera Ipiales:
acuerdos que deben convertirse en soluciones
Por : Eduardo David Chalapud Narváez
La idea de una tercera vía aparece cuando una comunidad entiende que los extremos no siempre ayudan a resolver los problemas de todos. En la historia política, la llamada Tercera España expresó la necesidad de buscar un punto de encuentro en medio de divisiones profundas, no para ignorar las diferencias, sino para abrir un espacio de diálogo, sensatez y convivencia.
Algo parecido puede decirse de la Tercera Colombia, una invitación a dejar de ver cada problema como una pelea entre bandos y empezar a construir acuerdos alrededor de lo que beneficia a la gente. Su importancia está en reconocer que un país, una región o una ciudad no avanzan cuando las decisiones se quedan atrapadas en discusiones que se repiten una y otra vez.
Desde esa mirada nace la Tercera Ipiales. Es una forma sencilla y responsable de pensar el municipio, reconocer lo que ya se ha conversado, aprovechar los consensos alcanzados y concentrar los esfuerzos en soluciones que puedan ejecutarse. No se trata de quedarse en la mitad ni de evitar posiciones, sino de poner por delante las necesidades reales de la población.
La Tercera Ipiales parte de una idea clara, los problemas del municipio no se resuelven alargando discusiones políticas, sino reuniendo conocimiento técnico, voluntad institucional y participación ciudadana. Por eso, su propósito es pasar del diagnóstico a la acción, de las buenas intenciones a los proyectos concretos y de las opiniones enfrentadas a decisiones bien sustentadas.
Preparación frente al fenómeno de El Niño
La necesidad de actuar se vuelve más clara ante la posibilidad de un fenómeno de El Niño significativo, señalado por instituciones climáticas. Si disminuye la disponibilidad de agua, Ipiales no puede esperar a que la dificultad sea mayor para empezar a prepararse. Desde la perspectiva de la Tercera Ipiales, esta preparación debe entenderse como una oportunidad para unir esfuerzos alrededor de tres propósitos comunes: reducir la contaminación de las fuentes hídricas, avanzar en una solución seria a la problemática del suministro y fortalecer la capacidad de las instituciones locales para agilizar compromisos, articular voluntades y dar curso efectivo a los proyectos que ya han sido presentados.
El valor de las posiciones técnicas independientes
Para lograrlo, es importante escuchar a profesionales que no actúan desde un bando, sino desde su conocimiento y experiencia. Ingenieros, ambientalistas, hidrólogos, académicos y técnicos locales pueden ayudar a ordenar la conversación, explicar lo que es viable y proponer caminos realistas para tomar mejores decisiones.
Escuchar estas voces no debilita a las instituciones; al contrario, puede fortalecerlas. Cuando una decisión pública se apoya en criterios técnicos y en la experiencia de quienes conocen el territorio, gana claridad y confianza. La Tercera Ipiales, en ese sentido, no busca abrir otra discusión, sino ayudar a organizarla para convertirla en acciones útiles para la comunidad.
Pocas situaciones exigen tanto este enfoque como el acceso al agua potable. Durante algunos años, el problema hídrico se ha movido entre el debate político y de la frustración ciudadana por los cortes del servicio. Mientras esa conversación se estanca, la infraestructura se deteriora, las pérdidas en la red aumentan y la presión sobre las fuentes de agua se intensifica.
La experiencia demuestra que los bienes comunes, como las cuencas y fuentes de agua, no se protegen solo con discursos. Se protegen cuando hay reglas claras, cooperación entre instituciones y comunidad, información confiable y decisiones que se puedan cumplir. Por eso, el conocimiento de los profesionales locales debe convertirse en proyectos viables, bien estructurados y listos para gestionar recursos.
Desde esta mirada, la solución no debe presentarse como una lista cerrada de medidas técnicas, sino como una forma distinta de organizar la conversación pública. La Tercera Ipiales puede aportar precisamente eso, reunir a las instituciones, a la ciudadanía y al talento humano del territorio para construir acuerdos que puedan sostenerse en el tiempo.
En este punto resulta útil recordar el pensamiento de Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía, quien estudió cómo las comunidades pueden cuidar mejor los bienes comunes cuando participan en la creación de reglas claras, adaptadas a su realidad y respaldadas por la cooperación de quienes usan y conocen el recurso. Su aporte permite entender que el agua no es solo un asunto de infraestructura o de gobierno, sino también de organización social, confianza, corresponsabilidad, gobernanza, creencia de las instituciones y conocimiento local.
Relacionada con la Tercera Ipiales, esta idea invita a aprovechar mejor la experiencia de profesionales, comunidades, instituciones, academia y sectores sociales que conocen el territorio y pueden contribuir sin necesidad de actuar desde un bando. No se trata de reemplazar a quienes toman decisiones, sino de enriquecerlas con voces diversas, experiencia acumulada y criterios que ayuden a disminuir la confrontación.
Así entendida, la Tercera Ipiales se acerca al espíritu de Ostrom: cuidar un bien común exige diálogo, reglas compartidas, participación responsable y capacidad de aprender de quienes viven el problema de cerca. Por eso, más que seguir acumulando diagnósticos o discusiones, Ipiales necesita convertir sus consensos en confianza, su talento humano en orientación y su experiencia colectiva en soluciones posibles para la gente.


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