PUEBLOVIEJO, UN PUEBLO VIEJO.

  Por: Darío Pantoja B.

Tragedia en Puebloviejo Magdalena – Foto facebook

Lo que todos debemos entender, es que se explica sociológicamente la acción de “aprovechar” una calamidad ajena a su favor, por parte de una población con extrema pobreza, en los oídos sordos de un Estado que ya de costumbre deja abandonadas a las poblaciones vulnerables a merced de su suerte, provocando, casi que directamente, reacciones de subsistencia y al mismo tiempo de rechazo contra la misma sociedad que también las ha mirado con histórica indiferencia y discriminación.

Una tragedia nos hace conocer dos situaciones: la primera, saber que existe otro de los más de 1.100 municipios del país, llamado Puebloviejo que pertenece al departamento de Magdalena, que contiene el corregimiento de “Tasajera” y que está ubicado a 38 km de Santa Marta.

Realmente un pueblo viejo que más que esto, por ser fundado en 1526 y constituido como municipio en 1929, ha sido históricamente olvidado por el Estado, como todas las entidades territoriales del País, pero con marcada mayor magnitud, tal vez como los pueblos del Chocó y de toda la costa pacífica, sin agua potable ni alcantarillado, con insuficiencia eléctrica, sin estructuras de vivienda básica, sin fuentes de empleo, sin salud ni educación, es decir, con aspiraciones de subsistencia, solamente.

Los puebloviejanos, que se cuentan en más de 30 mil, vivieron y gozaron de la abundancia de la pesca por su estratégica ubicación geográfica entre la Ciénaga grande del Magdalena y la costa caribe, riqueza hídrica que empezó a agonizar desde 1956 con la construcción de la carrera que atraviesa la Isla de Salamanca, donde se ubica Puebloviejo, una reserva de la biosfera declarada así por la Unesco, que taponó la entrada de agua salada que se mezclaba con la dulce de los ríos que descienden de la Sierra Nevada de Santa Marta, generando desde entonces la pérdida de más de 26 mil hectáreas de mangle y la asfixia de las otrora ricas aguas oxigenadas y, consecuencialmente, la muerte de cientos de especies de peces cuya venta les permitía subsistir a los habitantes de Puebloviejo y la inherente pérdida de sus aspiraciones de una mejor calidad de vida, teniendo que seguir pescando para sobrevivir, pero de las tragedias vehiculares que ocurren en esa misma carretera, como la de ocurrió la semana pasada, obteniendo su propia muerte.

Lo segundo que se viene a la mente con esa tragedia nacional, es que a ese pueblo no se lo debe juzgar ni condenar como a delincuente, de la manera que, ligeramente, lo hacen algunos en las redes sociales, basados ciegamente en las reprochables acciones populares reiteradas y tendientes al hurto de las mercancías de los vehículos y tracto-camiones que caen en desgracia en ese sector de la carretera caribeña.

No sería correcto, tampoco, justificar la necesidad de un pueblo hambriento para que éste omita de manera inclemente, otorgar las elementales acciones humanas de socorro, a favor de quienes las requieren en momentos de calamidad por una tragedia vehicular de cualquier magnitud, y en su lugar, revictimicen a los accidentados.

Lo que todos debemos entender, es que se explica sociológicamente la acción de “aprovechar” una calamidad ajena a su favor, por parte de una población con extrema pobreza, en los oídos sordos de un Estado que ya de costumbre deja abandonadas a las poblaciones vulnerables a merced de su suerte, provocando, casi que directamente, reacciones de subsistencia y al mismo tiempo de rechazo contra la misma sociedad que también las ha mirado con histórica indiferencia y discriminación.

Las instituciones son responsables de esas consecuencias cuando actúan para mostrarse posteriormente diligentes, judicializando a los “responsables” de los saqueos, sin mirarlos como otras víctimas de todo un sistema estatal con ausencia de sinceras y prácticas políticas públicas, que acaben con el eterno abandono hacia las comunidades más necesitadas, en donde bajo esas condiciones, se ha gestado el incremento de los factores de la persistente violencia interna y la criminalidad callejera.

Los puebloviejanos saquearon por hambre y, otros delincuentes, pero de cuello blanco, lo siguen haciendo por codicia y ambición, y sin necesidades, desde el confort de sus bienes mal habidos. A estos les llamamos doctores, a los anteriores, resentidos.

asesoriayderecho@hotmail.com

2 Comentarios

  1. Gustavo Ojeda Santacruz

    Excelente columna, felicitaciones

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  2. Isleny Becerra Figueroa

    Dr Dario. Me gusta leerlo y conocer su opinión frente a la realidad que nos rodea. Para los ojos externos es fácil juzgar

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