EL VIVO ELECTOR

  Por: Darío Pantoja B.

Hoy por hoy, muchos candidatos saben que deben engrosar sus chequeras porque un considerable porcentaje de quienes los acompañen, durante esos tres meses de cada cuatro años, no votarán por ellos y, sin embargo, sí les consumirán sus ofrecimientos.

Con más descaro que franqueza, un ex político local me dijo hace unos años, que “el pueblo solamente valía durante tres meses y cada cuatro años”. No me sorprendió que ese personaje lo dijera, para nada, pero eso sí la naturalidad con que lo dijo y el silencio complaciente de quienes bajo risas también lo escucharon.

Si bien, esta temporada electoral -y electorera-, se brinda para todo, desde los bonitos discursos con rebuscadas palabras para impresionar a los ilustrados presentes y con otras halagüeñas al oído de los incautos que esperan escuchar lo que quieren oír, lo cierto es que poco a poco el pueblo maltratado ya está cansándose.

Ya no estamos en la época en que los campesinos eran subidos, como semovientes, en vehículos de carga para luego ser dejados a la intemperie de las vías, luego de depositar su voto (cuando no existían los tarjetones) con un plato de hornado que ingerían con total satisfacción como el premio merecido por el honor que recibieron al ser tenidos en cuenta por los ‘doctores’ que ciegamente ayudaron a elegir.

Hoy por hoy, muchos candidatos saben que deben engrosar sus chequeras porque un considerable porcentaje de quienes los acompañen, durante esos tres meses de cada cuatro años, no votarán por ellos y, sin embargo, sí les consumirán sus ofrecimientos.

Para cualquier despistado, esa reacción del elector es consecuente y buena. Para nada, el costo de campaña se verá posteriormente reflejado y esos electores sentirán en el costo de vida, que no fueron ni “vivos” ni inteligentes al engañar a su candidato.

Tal vez el pueblo no ha entendido que tiene en sus manos la oportunidad democrática para escribir el presente y futuro, suyo y de su descendencia, con un acto solemne como lo es el voto. Esa expresión de dignidad ciudadana es la que le permitirá válidamente al elector, aplaudir a su mandatario por los aciertos o criticarlo por lo contrario. Quien vende su voto, vende el honor recibido de los derechos y deberes adquiridos luego de años de sangrientas batallas en el mundo en búsqueda de una democracia. De otra parte, el electo no tendrá la obligación de rendir cuentas a sus electores, porque previamente también ya habría pagado por su silencio alcahueta.  

asesoriayderecho@hotmail.com

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