Un arco rampante

en el santuario de Las Lajas

  Por: J- Mauricio Chávez Bustos

Para fieles e infieles, para creyentes y no creyentes, el santuario de Las Lajas, ubicado en el municipio de Ipiales, departamento de Nariño, constituye una obra arquitectónica de verdadera relevancia dentro del panorama mundial, basta ver el lugar escogido por el pintor Pedro Bedón para realizar una inusual pintura en un sitio que otrora fuera un lugar de culto del pueblo Pasto, tal y como se puede apreciar en la denominada Piedra de Los Monos, ubicada a tres kilómetros del santuario, a la margen izquierda, siguiendo río arriba el río Guáitara o Pastarán…

Arco rampante o por tranquil. Foto: https://laslajas.org/museo

Desde el rústico templo de paja y bahareque, construido a finales del siglo XVIII; pasando por el templo pegado a la roca,  iniciando su construcción en 1796 y finalizando en 1803, para ser derribado en su totalidad en 1943; luego el tercer templo, conocido como “El nido de oropéndola”, un ave que se encuentra en el oriente nariñense y cuyos nidos penden de las ramas de los árboles, de ahí el símil utilizado con la capilla construida por los arquitectos ecuatorianos Mariano Aulestia y Simón Atapuma, templo que se inició en 1859 y se conservó hasta 1916, el nombre del templo quizá se deba a Federico González Suárez, quien en su libro Recuerdos de Viajes (1891), hace la curiosa comparación del nido con el templo en su visita al santuario en 1887;  para llegar al actual templo, cuya obra inició su construcción en 1911 con planos del Hno. Salesiano Jacinto Pankeri, los cuales se le extraviaron a José María Cabrera, capellán de Las Lajas, quien debió recurrir al ingeniero ecuatoriano Gualberto Pérez para que elaborara otros planos y se continuara la obra, que es, en gran parte, la que hoy se aprecia;  cabe mencionar que este ingeniero ecuatoriano tenía fama de ser un sabio, fue profesor universitario y director del Observatorio Astronómico de Quito, la obra del templo inició en 1916 y finalizó en 1949.

El director de la obra fue Abraham Giacometti Guzmán, capitán e ingeniero que acompañó a los franceses en la Segunda Misión Geodésica (1901-1907), auspiciada por la Academia de Ciencias de Francia y por el gobierno liberal de Eloy Alfaro, integrada, entre otros, por el etnólogo Paul Rivet.

El ingeniero se radicó en Potosí, ahí se casó con Rosa Elena Fuertes con quien tuvo 7 hijos, posteriormente se radicó en la provincia del Carchi, dejando también descendencia en Maldonado, para finalmente morir pobre en Tulcán. Fue él el encargado de dirigir la obra de los arcos de medio punto que sostendrían la plazoleta principal, en 1919 parte del arco principal se fue abajo, para continuar la obra en 1920 y ser entregada en 1926.  

Le correspondió al arquitecto autodidacta Lucindo Espinosa continuar la obra, habiendo colaborado con Giacometti desde 1924 para reconstruir el arco de medio punto que se había vencido; en 1926 hizo los planos para construir  la cripta del Sagrado Corazón de Jesús y la basílica hasta el segundo cuerpo, reformando de esta manera los planos de Gualberto Pérez.

En 1932 se hacen los planos para la basílica, siguiendo las recomendaciones del italiano Giovanni Buscaglione, salesiano radicado en Colombia, a quien se le debe, entre otras obras, el Seminario Mayor de Medellín y el Santuario de Nuestra Señora del Carmen en Bogotá. Habiendo vivido durante algún tiempo en el cercano oriente, su estilo es ecléctico, mezclado con el estilo italiano, para Las Lajas empleó el estilo neogótico. En 1945 fallece Lucindo Espinosa, tomando la dirección de la obra su hijo el arquitecto Julián Espinosa González, a quien le correspondió la supervisión del torreón principal.

Los vitrales son del alemán Walter Wolff Wasserhousen, quien tenía su taller en el barrio La Candelaria de Bogotá, ciudad donde se radicó huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Sus obras fueron encargadas para varías iglesias y lugares públicos y privados a lo largo y ancho del país, entre otras en las iglesias de Las Nieves, Usaquén, Las Cruces, Cristo Rey, La Porciúncula y las capillas del Liceo de Cervantes y el Gimnasio Moderno en Bogotá, así como en iglesias de La Guajira, Sucre, Boyacá y en Las Lajas.

El altar de mármol fue elaborado en Francia y se inauguró el 30 de julio de 1889. Aparece este retratado por primera vez en L’ Amérique Equinoxiale de Édouard André durante su viaje por Colombia y Ecuador en 1875 y 1876, y publicadas en Le Tour du Monde de 1877 a 1879, de donde dice que tiene de Ipiales los mejores recuerdos de todo su viaje, a más de haber descubierto para la ciencia occidental la llamada passiflora andreana. conocida popularmente como flor de la pasión.

La Laja: la piedra milagrosa. En: André, 1876.

Las ilustraciones de este viaje las elaboró Édouard Riou, siguiendo los bocetos elaborados por el propio André, este famoso ilustrador y grabador francés, alumno de Gustave Doré, fue el encargado de ilustrar las obras de Julio Verne, entre otras. La Laja: la piedra milagrosa, como llama a la ilustración, sin embargo, no se parece a la imagen original, ya que se la muestra en una posición sedente, con la mano derecha levantada y las manos orantes de Santo Domingo y San Francisco están por fuera del marco de sus cuerpos, además de mostrar una posición genuflexa muy marcada; además, muestra un altar recargado y dos ángeles de pie nunca antes registrados, de tal manera que concluimos que el ilustrador siguió las indicaciones del viajero sin poder comparar con otra ilustración. En todo caso la ilustración es muy diferente a la realizada en 1887 por Eustasio Barreto y que acompaña el artículo escrito por Lázaro M. Girón para el Papel Periódico Ilustrado.

En Papel Periódico Ilustrado, 1887.

La escultura de San Miguel Arcángel es de  Julio César Benavides, la de Jesucristo Resucitado, que está en la cripta, es de Clotario Quiñones y de Marceliano Vallejo la mayoría de ángeles y piezas que están tanto en el Santuario como en el cementerio y en la vía que comunica con Ipiales. La decoración interior del templo estuvo a cargo de Segundo Torres, las obras de cemento fueron obra del italiano Clemente Peroglio, nacido en Torino en 1882, quien trabajó como obrero en la construcción del Ayuntamiento de Castellane; Félix Ramírez y Manuel Chamorro, se destacaron como obreros diestros en obras varias; Leonardo Espinoza González, Enrique Yarpaz y Rafael Villarreal fueron los encargados de tallar las puertas en madera. Finalmente la obra se entregó el 20 de agosto de 1949.

Como se puede apreciar, fueron muchos los ingenieros, arquitectos y obreros de diversos países y territorios quienes hicieron realidad el templo que ahora es considerado una de las maravillas del mundo moderno. En cuanto a las curiosidades ingenieriles y arquitectónicas, resalta el poco conocido o desapercibido arco rampante o por tranquil, que se encuentra en la cripta, antes de ingresar al museo, de donde se deduce que es obra del maestro Lucindo Espinosa.

“Arco rampante es un arco cuyos pies o bases no se encuentran en la misma línea horizontal y, en consecuencia, es asimétrico; por lo tanto, como los pies están a distinta altura, se define su intradós encajando dos arcos de circunferencia unidos entre sí”, los arcos han sido utilizados como elementos útiles para unir dos puntos sin perder altura y permitir la proyección de techos o tejados, su objetivo es transmitir las cargas a los muros o pilares que los soportan.

                                                                          Foto: Henry Manrique

Debo confesar que poco o nada se de ingeniería o arquitectura, sin embargo mi hijo, siendo estudiante de ingeniería civil en la Universidad Nacional de Colombia, tuvo una clase en donde les hablaron de este tipo de arcos, tan curiosos y escasos, que su profesor les mencionó que uno de ellos estaba en el santuario de Las Lajas en Ipiales, así que en un viaje familiar, mi hijo lo buscó desesperadamente, hasta encontrarlo. Ahí me explicó las ventajas de este arco y la pericia de los constructores, ya que siendo un arco de tres centros, donde los salmeres están a distinta altura, permiten soportar el peso con cargas diferentes, de ahí su importancia dentro de la estructura del santuario. Un elemento más para resaltar todo este conjunto que, como bien lo plasmó el poeta Florentino Bustos en una placa ubicada en una de las escalinatas que conducen al templo: “Todo aquí es singular y poesía”.

Bogotá, D.C., en el Bosque Popular, a los 25 días del mes de junio de 2021

jemaoch@gmail.com

1 Comment

  1. José Humberto Guerrero

    Completa la historia del santuario.

    Reply

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