MARCHA POR LA VIDA
Por : Luis Alfonso Cabrera
La Banda Municipal de IpialesCerro con un concierto el evento de la marcha por la Paz realizado en Ipiales.
El viernes 26 de agosto, Colombia y las grandes capitales del mundo salieron a marchar y a hacer plantones por la vida, por el trabajo de líderes y defensores, por miles de héroes cotidianos que silenciosamente defienden la dignidad humana.
El viernes 26 de agosto, Colombia y las grandes capitales del mundo salieron a marchar y a hacer plantones por la vida, por el trabajo de líderes y defensores, por miles de héroes cotidianos que silenciosamente defienden la dignidad humana.
Esta jornada por la vida se realizó en las grandes capitales del mundo, convocada por el Movimiento Defensamos la Paz, luego del brutal crimen en contra de María del Pilar Hurtado frente a su hijo menor de edad. A este llamado se vincularon miles de personas y organizaciones sociales, sumándose a un coro que clama por la vida, para demostrar que la sociedad es capaz de ponerse en pie para defender sus derechos.
La marcha del 26 de julio nos dio la oportunidad de encontrarnos, de reunirnos en torno al noble sentimiento de la solidaridad en favor de la convivencia, para confirmar que pertenecemos a la familia humana y que nos duele tanta muerte.
Se ha dado el primer paso para derrotar a la muerte como es el de derrotar la indiferencia, expresando nuestra palabra, en canciones, pancartas, flores, velas y la bandera de nuestra esperanza, el verdadero motor para formar un país mejor.
Son cientos, miles de nombres de hombres y mujeres que han sido escritos en los epitafios, en el muro de la vergüenza, nombres que debemos reivindicar para que se recuerden con respeto en la historia del coraje y de los sueños para que no caigan en el olvido, para que se conviertan en semilla fecunda de paz.
Ante la muerte no podemos distinguir colores, ideologías o partidos, la única bandera que nos une es la bandera blanca de la paz, de la fraternidad humana, de la vida. Nuestro suelo ha sido ofendido con el derramamiento de sangre de nuestros hermanas y hermanos, con la violencia de las guerrillas, paramilitares, particulares y del mismo Estado, con armas que han sembrado odios y venganzas, armas que han enceguecido los corazones.
El presidente dice que no puede proteger a todos y se esconde detrás de las estadísticas, mientras todos los días asesinan un líder. No hay alternativa, sólo el pueblo puede defender la vida, movilizándose, solidarizándose, cuidándose, organizándose.
Nos corresponde despertar la conciencia, de la presente y de las futuras generaciones, para detener la guerra, porque la muerte nos duele, y más cuando son guerreros cobardes que matan mujeres indefensas dejando niños huérfanos, sembrando odio.
Todos los padres y madres, todos los profesores, todas las autoridades, tenemos la misión de enseñar que el verdadero desarrollo es humano, que los valores son el máximo tesoro, como la solidaridad, la familia, el amor. Los que matan por la pagan deben tener familia, alguna vez debieron sentir afecto por algún ser querido, eso no se puede olvidar, para que se entienda que lo material es secundario, que el mercado todo lo vuelve mercancía, a la misma gente le pone precio, a la madre tierra y a las conciencias.
Son las empresas de la avaricia la fuente de la muerte, como el narcotráfico, la minería, el latifundio, la corrupción, cada una con su propio ejército. Son las empresas del gran capital las que ordenan asesinar a cientos de indígenas, campesinos, como ha sucedido en Nariño con las comunidades Awá.
Todos somos responsables de todos, todos tenemos deberes, todos somos padres, todos somos hijos, y el odio terminará cuando volvamos al sentido de la tierra, cuando nos duelan todas las muertes y seamos capaces de entender al OTRO.
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