LA ALCALDESA DE LA REPÚBLICA
Ipiales
El dramático Coronavirus tomó desprevenido al mundo entero y lo peor, con total desconocimiento de su naturaleza a su nacimiento, lo cual hizo que países desarrollados de Europa, lo subestimaran por sobre la estabilidad de sus economías y esto ha ocasionado, hasta ahora, miles de muertes y un ascenso imparable en el contagio de sus habitantes. ¡Craso error! dicen ahora los expertos.
Desde comienzos del presente año, las autoridades del mundo pudieron conocer los fatales efectos del entonces desconocido virus, a través de las imágenes que permanentemente fueron exhibidas por todo medio de comunicación, inicialmente en la China, donde lo sienten desde su nacimiento a mediados de diciembre del año pasado.
Paulatinamente, el último hermano de la familia de los Coronavirus, denominado científicamente Covid-19, inició demoledora visita a otros países asiáticos y europeos, y hacia el resto del mundo. Para esa época, el alcance de ese fenómeno a nuestro territorio era algo que sólo hacía parte de las advertencias médicas que en un comienzo fueron vistas como exageradas e impregnadas de un apocalíptico protagonismo; por eso, el país quedó alarmado cuando nos hizo presencia la primera nacional infectada a finales del pasado mes de Febrero. Desde ese momento, el importado virus era una realidad que había llegado desde Italia y sin permiso para quedarse.
En esta crisis nacional, ha sido fundamental la presencia de la alcaldesa de Bogotá, Claudia Lopez Hernández, para la ciudad capital y para el país entero, por sus acciones que por fuera del ámbito electoral, los expertos han calificado de oportunas y contundentes, gestantes de un sensible alivio para esa ciudad, al evitar que los índices de contagio en la actualidad no cuente por miles los positivos que ya tendrían ahogado el sistema asistencial de toda la capital, en caso contrario.
La mencionada Alcaldesa, desde el ingreso de la primera contagiada del país al servicio de salud, activó inmediatamente la alerta amarilla para la ciudad, creando medidas hechas no para evitar el contagio que es biológicamente inevitable, sino para que su pueblo se prepare masivamente para recibir el virus y minimizar su velocidad de trasmisión; ordenó una actividad que denominó “simulacro” y que a la postre fue el adecuado inicio del aislamiento del distrito con la cuarentena nacional; y creó actividades y presupuestos para la satisfacción de necesidades básicas de la capital a través del programa “Bogotá solidaria”, a favor de los estratos más vulnerables que por el aislamiento quedaron sin sus informales fuentes de ingresos económicos.
La comunidad médica y científica hoy le reconocen a la Alcaldesa la oportuna atención sobre la ciudad con sus órdenes, que impidieron un exponencial incremento de los casos positivos de la enfermedad y, consecuencialmente, el colapso del sistema hospitalario. Hoy por hoy, Bogotá está mejor preparada para mitigar el Covid-19 que la misma nación. No obstante, la Alcaldesa quedó con la frustración funcional de ordenar la omisión del cobro de servicios públicos domiciliarios en su ciudad, ante petición expresa del presidente de la República, quien le pidió omitir ese compromiso social para él estudiarlo en su calidad de gobernante nacional.
En sentido contrario, por alguna razón el también joven presidente, tomó inoportunamente su heredado bastón de mando y ordenó de manera tardía el cierre internacional del aeropuerto El Dorado, cuando éste ya había sido desde aquella primera nacional contagiada, la puerta de ingreso del 80% de los contagios importados en el país. El presidente desestimó esa solicitud que previamente le había elevado la Alcaldesa de Bogotá, aunque retardadamente aceptó el asesoramiento científico sobre ese cierre aéreo.
El avasallador virus no tiene piedad con nadie ni distingue diferencia alguna en nuestro planeta, tal como en sus momentos históricos lo hicieron otras pandemias como la viruela, el sarampión, la peste negra y el VIH, los que también nacieron para nunca morir. Sólo las vacunas son los medios que hacen que podamos convivir con los virus, las que a la fecha aún no tenemos al servicio de la humanidad para enfrentar al Covid-19.
El mundo entero ha comprendido que la evidente unión no es de naciones sino de seres humanos inermes ante un intempestivo fenómeno biológico y que las guerras mundiales y las regionales, la longeva guerra fría, el constante hambre de los pueblos pobres y la corrupción eterna, no han logrado esa unión de todos quienes aislados entre sí, hoy rogamos por la salud de todos, ricos y pobres, blancos y negros, hombres y mujeres.
Hoy nos unimos por nuestro país y rodeamos sin distinciones al presidente. Esperamos de él la autonomía, la capacidad y el conocimiento profundo y pedagógico con que la alcaldesa de Bogotá ha demostrado, la autoridad con vehemencia como ejemplo de gobierno para todo el territorio del país frente a esta larga temporada de crisis, lo cual le ha merecido los reconocimientos públicos hasta de sus acérrimos contradictores políticos, incluido el jefe del presidente.
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Auguro una buena gestión de esta señora, no solo para beneficio de la capital sino de Colombia, nuestra política necesita que dejen trabajar y proyectarse a verdaderos políticos y líderes como la Nayibe.
Muchas gracias por su comentario. Gracias por visitar nuestra págína
Buen artículo Darío,
Una observación sobre el segundo apellido de la Dra Claudia López Hernández
Muchas gracias. ya se hizo la corrección correspondiente-