Ipiales

Historia Civismo Cultura (I)

Ipiales llega, el 23 de octubre de 2022, a sus 159 años de autonomía política y administrativa, en gracia de la Ley 131 de 1863 del Congreso Soberano del Cauca, por la cual se creó el Municipio de Obando que la tuvo por su capital.

A través de la historia la gente de Ipiales se ha destacado en todas las disciplinas de la ciencia, las humanidades y el arte, sin dejar de lado un pasado de trepidantes episodios protagonizados por sus aborígenes que sembraron en nuestro espíritu la semilla de la libertad y del progreso.

Epicentro de sinergia económica, política y social, Ipiales es la frontera más importante del país en el sur y la ventana por donde Colombia debe mirar hacia el resto de Suramérica y el mundo.

Las raíces primigenias de la región, la hidalguía de sus gentes, la vocación libertaria, las gestas cívicas, la potencialidad cultural y artística en todas sus manifestaciones, merece rescatarse en el libro magnífico de la historia y, por ello, al conmemorar ésta efemérides de los 159 años el 23 de octubre de 2022, queremos rendirle homenaje y hablar de su grandeza y de su altivo perfil para asumir el futuro.

Potenciando el conocimiento de lo propio, deseamos buscar en conjunto los caminos del crecimiento social y humano de la zona para que en un solo abrazo de voluntades sigamos cantando a la nueva aurora del sur occidente colombiano.

Compilando los datos de nuestros orígenes y, al paso del tiempo, de lo que fue la creación de la Provincia de Ipiales de 1847 a 1853; del Municipio de Obando de 1863 a 1886; de la Provincia de Obando de 1886 a 1942 con el leve lapso de interrupción de esta estructura territorial cuando se creó el Departamento de Ipiales en 1908, consideramos también pertinente saludar a los municipios del sur de Colombia que conformaron la Provincia de Obando y que aún se hallan hermanados por los lazos indestructibles de la vecindad, la historia, la sangre, la pluma, y el ferviente deseo de marchar hacia la búsqueda de un futuro mancomunado de esperanzas y realizaciones.   

Cada uno de los 12 municipios tiene sus lógicas particularidades, pero refresca el espíritu el hecho que se conserva la unidad comarcana como el mejor argumento para decir al país nacional que somos una casta de hombres venidos de los Pastos, con aferrada convicción de la libertad, con respeto hacia la civilidad republicana y hacia las instituciones democráticas y, más que todo, que a lo largo de nuestra existencia nos hemos caracterizado por el respeto hacia las libertades públicas.

Pero aún hay que hacer ingentes esfuerzos para que ese estrecho vínculo de familiaridad y respeto se mantenga con el único objetivo de que el progreso de la región sea armónico en la medida de la capacidad de gestión de sus dirigentes.

Así, pues, cuando se hable del sur de Colombia, la nación deberá entender que acá hacemos realidad el aserto de Martí cuando decía que a través de su historia: “los pueblos se ponen de pie y se saludan”.  

ANCESTRALES HABITANTES DE LOS PASTOS

 

A los primeros pobladores los invasores españoles dieron en llamarlos indios, debido, quizás, a que la pretensión primaria de los descubridores fue la de arribar a las costas de las Indias Orientales para expandir el imperio español con incentivos económicos de especies raras que por esos malabares del destino, a la mar bravía y al equívoco de cálculo orientador, los impelió hasta territorios desconocidos en los que se inició, a la par que el descubrimiento, la conquista inmisericorde de que da cuenta la historia.

Lógico es, entonces, que al arribo de los españoles a la tierra firme que creyeron las Indias, denominaran a los aborígenes encontrados como indios en una apreciación de gentilicio errado que no les permitió detectar que su llegada se había hecho a la futura América, así denominada como homenaje al cosmógrafo y navegante Américo Vespucio que advirtió de primera mano que la llegada se había realizado a un nuevo espacio de tierra y no a la inicialmente pretendida Asia que fue el afán del navegante Cristóbal Colón. La equivocación inicial radicó en que el arribo se hizo al hemisferio occidental y no al oriental.

Lo anterior da a entender que quienes llegaron a invadir no conocían ni sabían sobre el origen de los nativos encontrados y sembraron la probabilidad que descendían de los asiáticos que atravesaron el estrecho de Behring para emigrar hacia la ocupación y población de las tierras grandes halladas en el nuevo territorio, poblado por tribus bárbaras que se comunicaban mediante diferentes dialectos cuya asonancia, consonancia y costumbre denotativa aún se conserva dentro de la eufonía en diferentes etnias actuales que habitan la cordillera, y que parece que constituyeron el conglomerado social que los españoles denominaron como indios.

La vida de nuestros primeros pobladores transcurría en paz, con la comunicación necesaria y directa con otras etnias cercanas a través de los chasquis que como correo humano entregaban y recibían noticias pertinentes a la época.

Tradicionalmente, manifiestan algunos estudiosos, quienes pertenecieron a estos ancestros se dieron en denominar como Nación de los Pastos que se considera como una adaptación española del pasto – awá o “gente escorpión”, (1), (2), debido al vocabulario y también a los grandes pastizales que rodeaban el territorio que en principio estaba sometido al imperio incásico; o también al etnónimo pas (gente) y to (tierra) que equivale a “gente de la tierra”.

En todo caso los primeros pobladores de este territorio próximo a Ecuador, que ocuparon territorios extensos desde Los Boliches, Ecuador, hasta Yacuanquer en cercanías de Pasto y de Coaiquer en proximidades de Barbacoas en la confluencia de los ríos Guaguí y Telembí, fueron Los Pastos que vivían su vida dedicados a la agricultura y escasamente a la ganadería, mas no fueron los Quillasingas como equivocadamente se anota en la obra del Presbítero Agustín M. Coral quien cita, entre otros, al jurista Avelino Vela (3).

Retirada como quedaba la población de Los Pastos, que era de suyo pacífica, de aquella habitada por la nación de Los Quillacingas de orientación guerrera y que ocupaba las tierras desde Yacuanquer hacia el norte abarcando lo que en la actualidad se conoce como Pasto, se escribió en la historia lo que constituye una de las más hermosas epopeyas indigenistas de América cuando la pretensión del emperador inca Huayna Cápac desde el Perú ordenó conquistar los territorios “allende el reino de Quito”, enviando ejércitos numerosos conformados por “orejones” comandados por su medio hermano Auqui Toma para expandir su poderío. Esta orden del emperador incásico no contaba con la reacción de la alianza de pastos  y quillasingas para repeler la invasión en defensa del territorio y del afán de nuestros antepasados de no someterse al yugo.

Hidalgo, Tomás (1913) Juicio crítico sobre la “Historia General de la República del Ecuador”: 39-42. Quito.

Ortiz, Sergio Elías (1965) “Lenguas y dialectos indígenas de Colombia”; Historia Extensa de Colombia I (3): 58-60. Bogotá.

Coral, M. Agustín.Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas. “Ipiales antes de la conquista española” P. 45. Imprenta Nacional 1954. Bogotá.

 EPOPEYA

La primera referencia que se hace de Ipiales fue la de Cieza de León cuando describe de graciosa forma su viaje de Panamá al Perú, asunto que retomó el historiador ipialeño Eduardo Zúñiga Eraso que lo cita textualmente cuando dice: “…De Ipiales se camina hasta llegar a una provincia pequeña que ha por nombre de Guaca y antes de llegar a ella se ve el camino de los Ingas, tan famoso en estas partes como el que hizo Aníbal por los Alpes cuando abajó a Italia…También se llega a un río, cerca del cual se ve a donde antiguamente los reyes Ingas tuvieron hecha una fortaleza de donde daban guerra a los Pastos y salían en conquista dellos, y está un puente en este río, hecha natural, que aparece artificial, la cual es peña viva, alta y muy gruesa y hácese en el medio de ella un ojo, por donde pasa la furia del río y por encima van los caminantes que quieren. Llámase esta puente Lumichaca en lengua de los Ingas y en la nuestra querrá decir puente de piedra…”.

“El río que hace referencia Cieza de León es el Angasmayo, conocido actualmente como Carchi o Guáitara. También el Puente de Lumichaca señalaba el confín puesto por el mismo Huayna Capac, hoy denominado como Puente de Rumichaca.” (4)

Con esta aseveración investigativa de Zúñiga Eraso se da al traste con la versión de algunos estudiosos que restan importancia al fortín incásico y ubican los acontecimientos invasivos o frontera formada por el puente no a la que actualmente existe sino a una de similar nombre que se ubica un poco más adentro de lo que conocemos como Provincia del Carchi.

 Zúñiga, Eraso Eduardo, Tomado del libro Apuntes sobre los hallazgos de Miraflores. Revista Colombiana de Antropología

 

Pero cuál es la epopeya que me atrevo a signar como una de las más bellas y victoriosas de la nación de Los Pastos en alianza con la Nación de Los Quillacingas o Los Ingas

El emperador Huayna Capac no se hallaba conforme con la extensión de los territorios que gobernaba desde el mítico Perú y por ello decide enviar a su medio hermano Auqui Toma a conquistar con un ejército de “orejones” o soldados incas los territorios “allende el reino de Quito”, orden que equivalía sin lugar a dudas a someter a los habitantes de la nación de Los Pastos y la nación de Los Quillacingas.

Los Pastos que no eran dados a las acciones bélicas reciben con sorpresa y sobresalto la noticia de las pretensiones invasoras e inmediatamente envían a sus chasquis hasta el asentamiento de los Quillacingas quienes destacan a dos de sus generales, Capusigra y Tamasagra, para que se mancomunen en defensa del territorio.

Llegan los invasores y nuestros aborígenes empiezan a retroceder hacia el norte de lo que ahora es el departamento de Nariño quemando los cultivos para que no tuvieran qué comer y envenenando las aguas para que no pudieran beber los 50.000 orejones que pretendían avasallarlos.

Así llegan hasta el Río Caliente y sellan la victoria como sesudamente lo describe el historiador Alberto Quijano Guerrero, por muchísimos años presidente de la Academia Nariñense de Historia, quien de viva voz me relató la epopeya en gracia de mi veneración y la buena amistad que cultivamos por muchos años.

“Llegan los extranjeros a las orillas del Río Caliente. Hay sopor en las mentes y los labios están calcinados. Las aguas se aquietan en el sosiego de los remansos. El cauce es un nuevo mojón para el afán extraterritorial de las tropas. De pronto parece que montes y valles y cielos se derrumban. El estrépito es espantoso. Hay alaridos de dolor y blasfemias de pavura. En lo más alto de los farallones, en el parapeto natural de los abismos, el Cacique Capusigra deja que se despeñe una carcajada mefistofélica. Y detrás de la carcajada, en alud impresionante, van enormes piedras que caen sin misericordia sobre los desprevenidos Cuzqueños.

También el Cacique Tamasagra participa en esta jornada homérica. La muerte se pasea a lo largo de las linfas turbulentas. Pocos salen con vida. Auqui-Toma emprende la retirada, ya no por el camino de la gloria sino por los atajos de la vergüenza y de la melancolía. No puede dar cuenta personal de la derrota. El testimonio de sus huesos recibe el beso calcinante del Arenal de Chota. En los anales de los Quillacingas habían pasado varias lunas. En los cómputos modernos la historia señalaba una fecha de 1480”. (5)

Hay versiones históricas que afirman que los quillasingas jamás tuvieron  una historia propia sino la que se deduce de los registros escasos y la que relatan los túmulos de tierra a manera de tolas o pequeñas formaciones de tumbas en las que los indígenas enterraban a sus muertos para que viajen a la eternidad acompañados de sus gustos, sus cerámicas, cositas de comer, líquidos para beber en la travesía final, utensilios y pertenencias encontrados en las excavaciones de las guacas como las de algunos puntos entre los cuales destacan los túmulos de tierra de la altiplanicie de Panamal perteneciente a Guachucal y el poblado de las tolas de Pupiales.

En un interesante libro del Presbítero Agustín Coral que llegó a mis manos desde la entrañable amiga Alba Lucía Cálad Coral, el autor, cita al historiador y abogado Avelino Vela Angulo que lastimosamente no dejó obra publicada, el cual señala que: “…Los objetos de barro son de color brillante y bien trabajados; prueba evidente de que estos indios no eran idiotas en materia de las artes. Se ignora la religión que profesaban; pero es de suponer que era la idolatría la que reinaba entre ellos, y que, a semejanza de otras tribus vecinas, tendrían adoratorios de ídolos y divinidades antiguas. Lo que consta es que eran sumamente bárbaros, desaseados y de costumbres pésimas…”.

Quijano, Guerrero Alberto. Luz en la Arcilla. Imprenta Departamental de Nariño.

 

Ya refiriéndose a la epopeya indigenista el citado manifiesta que “…El primero que trató de someterlos fue Huayna-Cápac, el cual hubiera podido fácilmente llevar a cabo su reducción si el desaliento e inconstancia no hubieran hecho infructuosos sus trabajos.

La tribu era numerosa, pero sin ninguna disciplina en el arte de la guerra. Para la conquista, Huayna-Cápac construyó fortalezas en distintos puntos cercanos a la parte habitada por los indios: una fortaleza colocó en la cuchilla inmediata al Distrito de Pupiales, que hasta ahora conserva huellas del hecho, y se le llama Palacio de los Incas…Dicen que este Conquistador  indígena encauzó el rápido Guáitara, formado hasta aquí por los ríos Carchi, Bobo y Blanco, con una formación de tierra que, unida a las grandes piedras de la base,

constituye el bellísimo puente de Rumichaca, limítrofe de las Repúblicas de Ecuador y Colombia en este punto…”., y agrega que: “La colocación de las piedras que sirven de base a la formación de tierra en este aludido indígena (sic) al atento examen es obra postdiluviana. La formación terráquea es obra del aludido Indígena, según hay razones para creerlo….”. (6)

(6) Coral, M. Agustín. Presbítero. Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas. Imprenta Nacional. 1954.

Retazos

El Municipio de Obando y la Provincia de Obando

De acuerdo a lo investigado por el escritor y poeta Julio César Chamorro Rosero, vuelve a relucir la cuestionada celebración anual, cada 23 de octubre, de la Municipalidad, de Obando o municipio de Obando, pues esas corporaciones territoriales si bien existieron en momentos diferentes, ninguna de esas fechas merecen conmemorarse en Ipiales, además que ambas desaparecieron rápidamente…

IPIALES: Historia, Civismo, Cultura (2)

En la segunda parte de la compilación sobre Historia, Civismo y Cultura de Ipiales, el escritor y poeta Julio César Chamorro nos presenta algunos datos sobre la época de la colonia, el perfil de Pedro de Henao y el posible primer grito de libertad en el sector de la que un tiempo se denominara Provincia de Obando, a través de Antonio Sarasti…

Testimonios sobre los hechos del 9 de abril en Ipiales

…A continuación, se transcriben algunos testimonios encontrados documentos jurídicos, tomados en relación a lo ocurrido en los días siguientes al magnicidio del caudillo liberal, en el municipio de Ipiales, mediante los cuales algunos ipialeños fueron encarcelados acusados de ser los causantes de los desmanes acaecidos en la tarde del viernes 9 de abril de 1948…

Beneficios a morosos y descuentos por pronto pago

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Beneficios en Impuestos y descuentos por pronto pago ha anunciado la Secretaría de Hacienda del municipio de Ipiales de conformidad con los beneficios otorgados por el Gobierno nacional a través de la Reforma Tributaria, entre los cuales están los descuentos en la taza de interés de mora…

Aproximación al Carnaval Multicolor de la Frontera

Aproximación al Carnaval Multicolor de la Frontera

… surge la iniciativa por parte del poeta y gestor cultural Julio César Chamorro de convocar a todos los municipios de la Ex Provincia de Obando a participar de los Carnavales de Ipiales, de tal manera que se convoca a una reunión con las Primeras Damas de los diferentes municipios y se destina el 3 de enero para festejar el Carnaval Multicolor de la Provincia de Obando…