El poder de la Información
Prometieron que las Nuevas Tecnologías de la Información nos traerían bienestar y felicidad, pero el resultado ha sido una crisis de salud física, mental y emocional. Hoy, el poder parece haber migrado de los humanos a los algoritmos. En este escenario, tanto los Estados como los mercados operan como redes que absorben nuestros datos para decidir por nosotros. La información no es solo conocimiento, pues se ha convertido en un arma mortal.
Por : José Humberto Guerrero
Esta idea no es nueva. En el siglo XIX, Karl Marx ya advertía que las élites utilizan la “verdad” y la “justicia” como una fachada para proteger sus privilegios de clase. Para Marx, la información es una herramienta de control en una lucha perpetua por el poder. En el siglo XX, pensadores como Michel Foucault y Edward Said llevaron esta crítica a las instituciones. Sostenían que ni los hospitales ni las universidades buscan verdades objetivas, funcionan como engranajes del sistema capitalista y colonialista. Según su visión, lo que llamamos “hechos científicos” son, en realidad, discursos fabricados por quienes mandan para decidir qué es verdad y qué no lo es.
Esta desconfianza ha sido capitalizada por el populismo moderno. Figuras como Donald Trump o Jair Bolsonaro sostienen que cualquier institución tradicional miente. Su lógica es extrema: no existe una verdad objetiva, sino “mi verdad” contra “la tuya”. Bajo este enfoque, la interacción social es una guerra donde la verdad es solo una estrategia para alcanzar el poder.
Para enfrentar esto, el populismo ofrece dos salidas peligrosas: (1) el individualismo radical: pedir a la gente que “haga su propia investigación” y solo crea en lo que ven sus ojos, algo imposible en un mundo tan complejo; (2) el refugio dogmático: abandonar la ciencia para entregarse a revelaciones divinas, asumiendo que el ser humano es corrupto por naturaleza y solo una fuerza superior posee la verdad.
A menudo, el cristianismo, el islamismo y el hinduismo han calificado a los humanos como seres sedientos de poder en los que no se debe confiar y que pueden acceder a la verdad solo gracias a la intervención de un ser divino. Pero ninguna de estas dos salidas convence; no son posibles en la praxis real.
Una tercera es manejar la información a través del pensamiento crítico, asumir la información desde una perspectiva analítica y propositiva, sacar conclusiones y actuar en pos de ellas. Pero ¿qué tan preparados estamos para desarrollar esta vía? Dejo la reflexión para los oyentes.
En suma, el populismo defiende la idea ingenua de la información, reduce la existencia humana a una lucha por el poder y convierte a la información en un arma. Pero se equivocan al pensar que el poder es la única realidad y que la información siempre será un arma. En medio de estas dos posiciones antagónicas, hay que desarrollar una visión optimista de las redes de información humanas, fortalecer nuestra capacidad para manejar el poder con sabiduría y sensatez y exigir que nuestras redes de datos sirvan para construir puentes, no para levantar muros. Desde esa perspectiva, hagamos que el poder y la información no sean un arma de destrucción masiva, sino de construcción humana.

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