LA VIDA QUE NOS DEBEN

Por : Erlinto Velasco Arteaga

Ipiales

… se vigila la movilidad de los seres humanos con toques de queda, “pico y cédula” y horas de salida. Este tipo de medidas no son nuevas en la historia de la humanidad, pues de esa manera se enfrentó la peste, hasta el punto de modificar drásticamente los hábitos de lo cotidiano.

El Estado como poder político institucionalizado, tiene el deber de asegurar el proyecto de vida de sus asociados, de conformidad a las metas que cada individuo establezca en un contexto de plenitud, permitiendo de esta manera que el ser humano florezca, lo que implica liberar al individuo de toda miseria. Es por estas razones que se reclama que el hombre no debe vivir cualquier vida, sino una en condiciones de dignidad. 

La dignidad es, entonces, la categoría que obliga a que todo ser humano deba ser tratado con respeto, con decoro; en síntesis, como un ser valioso. 

Prueba de lo anterior es que la mayoría de las constituciones políticas toman como bandera erigir su andamiaje institucional en clave de dignidad humana. Pero ¿qué está sucediendo en la actualidad con la dignidad humana, cuando se refuerzan las políticas del encierro por el COVID 19? 

Para responder al anterior interrogante diremos que hoy los panópticos se encuentran más aceitados que nunca, pues se vigila la movilidad de los seres humanos con toques de queda, “pico y cédula” y horas de salida. Este tipo de medidas no son nuevas en la historia de la humanidad, pues de esa manera se enfrentó la peste, hasta el punto de modificar drásticamente los hábitos de lo cotidiano.

Las políticas de confinamiento obligatorio se convierten en peligrosos escenarios para el autoritarismo y todo un festín para los dirigentes políticos que les gusta embriagarse en el poder. Los que nos gobiernan sí pueden controlarnos y, en cambio, nosotros no podemos controlar a quienes nos gobiernan; sometidos por circunstancias extraordinarias, no podemos protestar por miedo al contagio y como simples espectadores vemos como las libertades y las conquistas de la democracia se esfuman.

Aquí entra en juego el concepto de biopolítica, que en palabras de Foucault implica que el Estado tiene una función indispensable para el capitalismo y es la de administrar la vida. Esto tiene una finalidad y es la de brindar trabajadores sanos al capitalismo, pues se necesita de brazos sanos para que se muevan los medios de producción; por tal razón, el Estado presta especial atención a la natalidad, a la enfermedad, a la mortalidad, a la administración de vacunas, entre otras medidas sanitarias. 

Entonces, la finalidad de la biopolítica es reducir al ser humano a sus funciones biológicas, como, por ejemplo, la alimentación y la respiración; es decir, se lleva al hombre a la nuda vida, que es en últimas una existencia sin derechos, una expulsión de la dignidad y de la condición humana, donde se corre la suerte de que el hombre no tenga valor alguno. Es en este momento de cosificación que le corresponde al Estado, con su racismo, decidir quien vive y quien muere.

Ahora bien, en el ámbito de la mortalidad llegamos al terreno de la necropolítica, que se define como un dispositivo político mediante el cual se decide qué personas pueden vivir y qué personas deben morir. En conclusión, es la administración de la muerte, tal como lo establece Achile Mbembe en su libro “Necropolítica”, donde manifiesta que el “necropoder, reduce al hombre a un muerto viviente, zombi del neoliberalismo”. Ejemplos del necropoder son: el asesinato selectivo de líderes sociales, las prácticas genocidas (como lo ocurrido en Rwanda con el extermino de hutus y tutsi), los pactos clandestinos de limpieza social

La guerra es una expresión directa de la necropolítica, pero también es producto de este tipo de prácticas el de llevar a la marginalidad al ser humano, a la sobrevivencia, a la mera subsistencia, a la exposición de enfermedades por el hambre o la carencia de agua potable como lo son los casos de África y en Colombia el de La Guajira.

En contexto del Covid -19, con el necropoder se decide quien merece ser rescatado y quien debe morir. Lo podemos apreciar muy claramente cuando al sistema de salud no se le inyectan recursos económicos suficientes para que se construyan más hospitales, se adquieran equipos de bioseguridad para el personal sanitario, para dotar a las instituciones de salud de más camas de cuidados intensivos, con ventiladores que permitan al enfermo de coronavirus suplir la función respiratoria hasta que los pulmones se recuperen.

Muchos dirán que no, estábamos preparados para la pandemia del Covid-19, pero es una clara actitud de necropoder el hecho de salvar bancos y con ellos la economía y no salvar hospitales y con ellos la vida. Por el momento la dignidad está de luto y ha sido destrozada por el necropoder, esa es la realidad y la humanidad está marchita.

Hay que pensar en un nuevo principio de esperanza sobre la faz de la tierra, pero ese es tema de otro escrito.

 

prometeo2000@yahoo.com

4 Comments

  1. Maribel

    Muy cierto, estamos dominados por la clara actitud de un gobierno necropolitico, donde prácticamente el capitalismo neoliberal atenta contra la dignidad humana, y nos tiene al borde del abismo, mi querido Doctor Erlinto. No nos queda más que luchar y tratar de cambiar al menos en una milésima, el entorno en que vivimos, sobre todo tratando de ayudar al menos favorecido en lo que podamos, y no permitirles a los necropoliticos el control de la vida. Resistencia mi querido Doctor y solidaridad…

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  2. Maribel Cerón

    Muy cierto, estamos dominados por la clara actitud de un gobierno necropolitico, donde prácticamente el capitalismo neoliberal atenta contra la dignidad humana, y nos tiene al borde del abismo, mi querido Doctor Erlinto. No nos queda más que luchar y tratar de cambiar al menos en una milésima, el entorno en que vivimos, sobre todo tratando de ayudar al menos favorecido en lo que podamos, y no permitirles a los necropoliticos el control de la vida. Resistencia mi querido Doctor y solidaridad…

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  3. Paulo Bernal

    La necropolitica en Colombia es un crimen perfecto,es la política criminal sin segundas intenciones,obedece y sigue solo el hilo del pensamiento,está más allá del beneficio economico,más allá del poder por que estos factores los tienen en demasía,existe algo más profundo que se vuelve incluso placentero en ellos hasta cuando roban recursos y comida destinados a los pobres del país en una crisis como la actual.

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    • avel517@hotmail.com

      gracias por visitar La Ipialeñísima, sus comentarios nos anima a continuar trabajando por un periodismo regional, serio y responsable.

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