Informe del Futuro del Trabajo en 2030 ¿Qué Significa para Nariño y Colombia?

Informe del Futuro del Trabajo en 2030 ¿Qué Significa para Nariño y Colombia?

Informe del Futuro del Trabajo en 2030 ¿Qué Significa para Nariño y Colombia?

Por : Eduardo David Chalapud Narváez

El Foro Económico Mundial publicó a inicios de 2026 un inquietante informe: Cuatro Futuros para el Empleo en la Nueva Economía: IA y Talento en 2030. Sus páginas no son ciencia ficción. Son un mapa de cruces en el camino que ya estamos recorriendo, y Colombia —y especialmente Nariño— no puede darse el lujo de analizarlo como si fuera cosa de otros.

  1. Un diagnóstico global que nos requiere
    El informe parte de un dato que sacude. El 54% de los ejecutivos globales espera que la inteligencia artificial (IA) desplace grandes cantidades de empleos, mientras que solo el 12% cree que conducirá a salarios más altos. Las megatendencias tecnológicas crearán alrededor de 170 millones de nuevos empleos para 2030, pero eliminarán otros 92 millones. La pregunta no es si el cambio llegará, sino en qué lugar queremos estar cuando llegue.El informe propone cuatro escenarios posibles, construidos sobre dos ejes: el ritmo de avance de la IA y el grado de preparación del talento humano. En el mejor caso —la llamada Economía Copiloto— la IA avanza gradualmente y los trabajadores están listos para colaborar con ella; la productividad crece, la desigualdad se modera y el trabajo humano gana en creatividad y valor. En el peor —la Era del Desplazamiento— la IA avanza sin freno mientras la fuerza laboral no tiene cómo adaptarse: el desempleo se dispara, la confianza del consumidor colapsa y los gobiernos enfrentan una crisis social sin precedentes.
  2. El espejo colombiano y nariñense
    Colombia no es ajena a este dilema. Somos un país con una penetración digital en expansión, pero con profundas brechas en calidad educativa, infraestructura tecnológica y acceso a formación técnica avanzada. Según el informe, la demanda global de habilidades en alfabetización en IA creció un 70% solo entre 2024 y 2025. ¿Cuántos de nuestros jóvenes en Pasto, Tumaco o Ipiales están siendo formados con esa perspectiva?
    Nariño representa un caso de análisis especialmente relevante. Es un departamento con una economía predominantemente agrícola, pero también con una creciente economía de servicios y una notable dispersión universitaria. El riesgo de quedar atrapados en el escenario de Progreso Estancado —donde la IA avanza lentamente pero el talento local no se prepara para eso— es real y urgente.
    Las ocupaciones más expuestas al desplazamiento automatizado en el corto plazo son, precisamente, las más abundantes en economías como la nuestra: tareas administrativas, trabajo de oficina, servicios básicos de atención al cliente y procesamiento de datos. Si a eso sumamos que los empleos de entrada al mercado laboral serán los primeros en contraerse, el futuro de nuestros recién graduados merece toda la atención política posible.
    Pero no todo es amenaza. El mismo informe señala que el valor de los oficios manuales cualificados y las ocupaciones con alta componente humana —cuidado, enseñanza, artesanía, hospitalidad— aumentará en varios de los escenarios. Nariño tiene aquí una ventaja que no siempre reconoce: una identidad cultural rica, un artesanado reconocido internacionalmente y una vocación de servicios que, correctamente potenciada, puede ser protegida de la automatización masiva.
  3. Lo que se debe hacer hoy
    El informe es enfático: las decisiones de hoy definirán en qué escenario despertamos en 2030. Para los líderes políticos de Nariño y Colombia, algunas estrategias son urgentes e ineludibles:
  • Integrar la alfabetización en IA en la educación básica y media. No como una materia opcional, sino como un eje transversal. Aprender a trabajar con la IA —no contra ella ni ignorándola— debe ser tan fundamental como aprender a leer.
  • Crear centros de formación técnica orientados a la economía digital regional. El SENA y las universidades públicas del departamento deben desarrollar programas específicos en habilidades de colaboración humano-IA, análisis de datos, diseño de procesos aumentados y emprendimiento digital, con énfasis en los sectores productivos propios de Nariño.
  • Proteger y formalizar las economías del cuidado y la cultura. Dado que las ocupaciones con mayor componente humano y cultural ganarán valor relativo, el Estado debe invertir en formalizar el trabajo de cuidadores, educadores, artesanos y gestores culturales, sectores hoy mayoritariamente informales y subvalorados.
  • Atraer inversión en infraestructura digital con criterio de equidad territorial. La conectividad de calidad en municipios de Nariño no es un lujo: es la condición mínima para que sus habitantes puedan acceder a oportunidades en la economía digital.
  • Crear espacios de diálogo del tridente gobierno, empresa y academia. El informe resalta que las alianzas estratégicas entre sectores son una de las acciones “sin arrepentimiento” ante cualquier escenario futuro. Los alcaldes y gobernantes nariñenses deben convocar estos espacios, no esperar que el nivel nacional los convoque por ellos.

El Foro Económico Mundial nos está advirtiendo con lujo de detalles. La pregunta ya no es si la IA transformará el trabajo; es si Nariño y Colombia estarán del lado de quienes dirigen los cambios o del lado de quienes los padecen. La ventana para elegir sigue abierta, pero no por mucho tiempo.

Basado en el informe “Four Futures for Jobs in the New Economy: AI and Talent in 2030”, Foro Económico Mundial, enero de 2026.

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Política Industrial de la Era de la Inteligencia: Una Perspectiva Estratégica en Colombia y sus Regiones.

Política Industrial de la Era de la Inteligencia: Una Perspectiva Estratégica en Colombia y sus Regiones.

Política Industrial de la Era de la Inteligencia: Una Perspectiva Estratégica en Colombia y sus Regiones.

Por : Eduardo David Chalapud Narváez

La era de la inteligencia artificial plantea un desafío ineludible para Colombia: convertir esta tecnología en un motor de desarrollo y no en un factor que profundice desigualdades históricas. El documento reciente de OpenAI propone una visión que integra prosperidad compartida, mitigación de riesgos y democratización tecnológica, una hoja de ruta especialmente relevante para regiones como Nariño, donde las brechas estructurales siguen siendo profundas. Su mensaje es contundente: los territorios deben anticipar el cambio, fortalecer capacidades, impulsar la innovación y construir gobernanza ética para que la IA se convierta en una oportunidad real de transformación económica y social.

En abril de 2026, OpenAI, un estándar global para la creación de ChatGPT, presentó al mundo una propuesta titulada Política Industrial en la Era de la Inteligencia: Ideas para Poner Primero a las Personas. Esto es relevante porque no solo proporciona explicaciones para los cambios tecnológicos, sino que también esboza un enfoque de política pública que ayudará hacia un proceso más económico, social y democrático. En un momento en que la inteligencia artificial está cambiando todo, desde la productividad hasta el empleo y cómo creamos valor para el planeta, este documento servirá como un punto de referencia clave para gobiernos, instituciones y territorios, no para que respondan al cambio, sino para que lo anticipen.

Esencialmente, el desarrollo de la IA no es una garantía de bienestar general, argumenta la publicación. En cambio, sugiere que las ganancias podrían estar en manos de unos pocos, aumentando las divisiones sociales y territoriales en ausencia de un plan estratégico. Por lo tanto, hace un llamado a una nueva visión política como el principio sobre el cual deben integrarse tres elementos: difusión amplia de la prosperidad, mitigación activa del riesgo y democratización del acceso a la tecnología. Esta visión obliga a repensar el papel del Estado, el mercado y la sociedad en el diseño de una nueva forma de contrato social que atienda las demandas de lo digital.

Así, la inteligencia artificial se ve como una oportunidad transformadora que impulsará la innovación científica, aumentará la productividad, reducirá los costos de sectores vitales como la educación y la salud, y permitirá nuevas vías para los emprendedores. La nueva tecnología, entonces, como sugiere esta nueva visión, trascenderá la política económica a través de nuevos procesos para ser una fuerza de innovación y control, y como un nuevo conjunto de normas competitivas. También conlleva altos riesgos, incluida la automatización, el abuso en sectores vitales y la centralización del poder económico.

Añade que este tipo de desafíos requiere respuestas de política pública bien estructuradas y receptivas, anticipando cómo actuar sobre ellos. Este nuevo documento se convierte en un texto estratégico fundamental para países como Colombia y sus miembros regionales especialmente. Para regiones como Nariño, donde la infraestructura, el acceso tecnológico y las capacidades productivas no son eficientes estructuralmente, la inversión en inteligencia artificial no solo puede ser un obstáculo para quedarse atrás, sino también una forma de reajustar más de cerca con el tiempo las injusticias históricas. Los gobiernos locales y regionales, en este sentido, tienen la obligación de impulsar la adopción de estas tecnologías como parte de sus planes de desarrollo —estrategias de competitividad y agendas de innovación— de manera que aseguren el bienestar de su gente. En la medida en que se persiga una política territorial de inteligencia artificial, dependerá necesariamente de la mejora tanto de las capacidades institucionales como humanas. Esto podría incluir la formación de talento en universidades y laboratorios de investigación, así como la formación de ecosistemas de innovación que permitan a los emprendedores y empresas locales integrar la IA en sus negocios.

De manera similar, como parte de la transformación digital, la propuesta desea asegurar que el uso de infraestructuras/tecnologías digitales se distribuya equitativamente, para no exacerbar las divisiones ya presentes entre regiones. La política también subraya un punto central y profundamente importante para Colombia, por ejemplo, podrían ser la de fondos de innovación pública, asociaciones público-privadas, incentivos fiscales, acceso a capital para desarrollar proyectos tecnológicos e iniciativas de cooperación internacional. Este mecanismo de financiamiento debe estructurarse de tal manera que fomente iniciativas con el mayor grado de impacto social y económico (por ejemplo, productividad agrícola, turismo sostenible, educación digital, servicios de salud) en áreas económicamente desfavorecidas.

Otra sugerencia de la propuesta gira en torno a la construcción de estructuras de gobernanza con respecto a la utilización ética, segura y transparente de la inteligencia artificial. Esto significa para los gobiernos territoriales de Colombia no solo usar estas tecnologías, sino también establecer políticas y mecanismos de participación ciudadana que garanticen que su realización corresponda a las necesidades y valores de cada comunidad. Al mismo tiempo, para que los gobiernos adopten la IA en sus países, deben tener actores locales involucrados en el proceso de toma de decisiones.

El documento representa una hoja de ruta estratégica que señala la dirección de una era de la IA centrada en el ser humano. Para Colombia y todas sus regiones, significa una oportunidad para imaginar el futuro, crear nuevas políticas y movilizar recursos para aprovechar las posibilidades que surgen de la inteligencia artificial como una fuerza para el desarrollo territorial. Su implementación no debe percibirse como una elección, debe verse como el requisito esencial para no solo adaptarse al cambio, sino también hacer que las regiones emerjan como actores en la transformación económica y el cambio social del siglo XXI.

Por último, es un hito que la misma empresa tecnológica que ha impulsado la IA en diversos aspectos elabore un documento donde sugiere a los gobiernos cómo convertir la inteligencia artificial en factor de desarrollo económico, impulsado desde la implementación de políticas públicas, democratización de su acceso y fomento al crecimiento de los valores de la comunidad.

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La Felicidad consiste en “Ser” y no en el “Tener”

La Felicidad consiste en “Ser” y no en el “Tener”

La Felicidad consiste en “Ser” y no en el “Tener”

En una sociedad que confunde la felicidad con la acumulación, la Ciencia de la Felicidad recuerda que el verdadero bienestar no nace del “tener”, sino del “ser”. Mientras el materialismo nos empuja a buscar validación en objetos y estatus, la psicología positiva demuestra que la plenitud surge cuando nuestras acciones están alineadas con nuestros valores y propósito. La felicidad no es un lujo ni una emoción pasajera: es una forma de vivir con sentido, lejos de la competencia y más cerca de la coherencia interior. La verdadera prosperidad no reside en lo que acumulamos, sino en aquello que da significado a nuestra existencia.

Por : José Humberto Guerrero

El 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la FELICIDAD, estado que el hombre ha buscado a través de la historia; muy pocos la han encontrado, la mayoría aún la siguen buscando. Sin embargo, los países mal llamados “subdesarrollados” son los que mayores niveles de alegría y satisfacción poseen, contrario a los desarrollados. Wenceslao Unanue, científico, la aborda desde la ciencia de la felicidad y la define como: propósito y sentido de la vida.

En la vertiginosa carrera de la modernidad, hemos aceptado un dogma silencioso: la felicidad es una acumulación de trofeos, coches y lujos. Sin embargo, la Ciencia de la Felicidad nos advierte que hemos confundido el mapa con el territorio. Al priorizar el "Tener" sobre el "Ser", la sociedad contemporánea no ha generado mayor bienestar, sino una epidemia de vacío existencial.

Desde la psicología positiva, la distinción entre estos dos modos de existencia es vital. El "Tener" se basa en la validación externa: el estatus, el último smartphone o la cuenta bancaria. Es una carrera en una cinta de correr hedonista donde, por más que corramos, el horizonte de la satisfacción siempre se aleja. Unanue argumenta que esta prioridad cultural erosiona nuestra salud mental porque el "Tener" es, por definición, insaciable y comparativo. Hemos confundido propósito con productividad y riqueza, con el espejismo del consumo y derroche desbordado.

Frente a esto, la propuesta científica es un retorno al "Ser". Es un llamado a usar el materialismo con mesura y razonamiento. El bienestar auténtico emerge cuando nuestras acciones están alineadas con nuestros valores internos y nuestras fortalezas. La felicidad, bajo esta óptica práctica, no es una emoción fugaz de alegría, sino la experiencia de una vida con sentido. Esto es lo que se denomina la Revolución del “Ser” y el Propósito.

Tener un propósito no significa realizar gestas heroicas; es indicio de encontrar un "para qué" en lo cotidiano, pequeñas cosas que nos pueden hacer felices. La ciencia de la felicidad demuestra que tener un propósito y sentido de vida claro fortalece el sistema inmunológico, el sistema emocional, aumenta la resiliencia y mejora la longevidad, abundancias que el consumo material jamás podrá comprar.

Nuestra cultura premia al “tener” y castiga a la persona sabia y prudente que escoge el camino del “Ser”. Se nos educa para la competencia (tener más que el otro) en lugar de (ser con el otro). Este desbalance es el origen de gran parte del estrés crónico actual: estamos tan ocupados en el “tener” que nos olvidamos de "ser" humanos. En conclusión, la felicidad no es algo que se adquiere en una vitrina; es algo que se cultiva en el silencio y en la coherencia de las acciones. Si continuamos sacrificando nuestro tiempo, salud y relaciones en el altar del "Tener", seguiremos siendo una sociedad materialista, pero pobre de espíritu. La verdadera prosperidad no reside en llenar nuestras manos de riquezas, sino en llenar nuestras vidas de razones para que nuestra existencia valga la pena. Al final del día, no nos llevamos lo que tenemos, sino aquello que nos distingue del “montón”, de los demás.
En última instancia, el éxito de una civilización no debería medirse por su capacidad de acumular, sino por la capacidad de sus ciudadanos para despertar cada mañana sintiendo que su existencia tiene un significado real. Si no vivimos para algo, terminaremos muriendo por nada.

creerjhg63@gmail.com

 

 

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La imaginación: El salto evolutivo

La imaginación: El salto evolutivo

La imaginación: El salto evolutivo

Durante siglos, hemos buscado la frontera exacta que nos separa del reino animal. Estábamos convencidos de que la cultura era patrimonio exclusivo del humano, pero la ciencia nos recuerda que no somos tan especiales en esos campos. Un mono enseña a otro a partir nueces con una piedra, un delfín demuestra sus malabares y un pulpo posee una complejidad cognitiva asombrosa; muchos animales son más inteligentes que nosotros. Entonces, si no es la cultura ni la inteligencia, ni el lenguaje, ni el razonamiento, ¿qué nos distingue realmente?

Por : José Humberto Guerrero

La respuesta no está en lo que vemos, sino en nuestra capacidad de ver lo que aún no existe. Según el antropólogo Agustín Fuentes, lo que nos distingue es nuestra capacidad de imaginar. Somos la especie más imaginativa; por tanto, la imaginación es nuestra herramienta de edición del mundo. Si observamos la realidad y no nos gusta, imaginamos una mejor y trabajamos para crearla. Si preveemos un peligro, imaginamos el peor escenario para evitarlo. Esta capacidad ha convertido a la historia humana en un registro de comportamientos culturales que cambian simplemente porque decidimos imaginarlos de otra manera.

A diferencia de otras especies, nuestra estructura cerebral nos permite dar rienda suelta a la creatividad. Lo más fascinante es que este proceso es cooperativo. Al imaginar juntos, creamos identidades simbólicas como la patria, la religión, la corporación o el equipo de fútbol. Estas "ficciones compartidas" nos permiten colaborar en grupos de miles de individuos, superando los límites biológicos de la familia o la tribu.

Estas identidades simbólicas, y según Juan Luis Arsuaga, paleontólogo, permiten que millones de personas cooperen sin conocerse. Esa imaginación colectiva amplía el tamaño del grupo humano más allá de los límites biológicos. Nos da cohesión, pertenencia y fuerza.

Pero la imaginación también influye hasta en lo más profundo de nuestras emociones. Podemos sentir gratitud porque somos capaces de imaginar la intención del otro. Podemos amar porque imaginamos futuros compartidos. Podemos perdonar porque recreamos mentalmente circunstancias y motivos. Nuestra manera de sentir depende, en gran parte, de nuestra capacidad de imaginar. Al explorar ese mundo interno generamos experiencias conscientes y visualizamos otras perspectivas del mundo y de la vida.

No obstante, la imaginación también es un arma de doble filo. Es la responsable de nuestras mayores cumbres, como el arte y la ciencia —el propio Einstein afirmaba usar su imaginación antes que las matemáticas—, pero la imaginación tiene un reverso oscuro responsable de nuestros abismos. Somos capaces de imaginar al prójimo como un enemigo "inhumano" para justificar la guerra, podemos imaginar progreso sin límites y destruir el planeta Tierra, o actuar bajo los preceptos de libertad, democracia y justicia asesinando a un conglomerado social, entre otros.

En conclusión, no somos la especie más fuerte ni la única inteligente, pero somos, sin duda, la especie que sueña despierta. En esa capacidad de imaginar posibilidades reside nuestro mayor poder y responsabilidad. Es el poder de la IMAGINACIÓN que nos salvará en este mundo exigente, cambiante y conflictivo. La pregunta es: ¿qué elegimos imaginar para solucionar nuestros problemas?

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Del gobierno del pueblo y otros demonios.

Del gobierno del pueblo y otros demonios.

Del gobierno del pueblo y otros demonios.

Por : Alveiro Tulcán

El Carnaval Multicolor de la Frontera atraviesa una crisis silenciosa mientras los recursos aumentan, la transparencia disminuye y los artesanos siguen sosteniendo la fiesta con más pasión que apoyo institucional. Una tradición que fue referente cultural del país hoy parece desvanecerse entre decisiones improvisadas, jurados sin idoneidad y un manejo opaco de los recursos públicos.

Los perros, por instinto natural, ladran. Persiguen su propia cola, juegan con ella, se rascan las pulgas y, cuando sus dueños los bañan, se resisten al agua, al jabón y al perfume como si la limpieza les resultara ajena. Luego, cuando finalmente quedan limpios, se sacuden con furia, como si expulsaran aquello que otros consideran necesario. Un verdadero demonio para quienes invierten tiempo o dinero en cuidarlos.

Algo parecido ocurre con María, la protagonista de Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez. En su pueblo, dominado por el fanatismo y la superstición, la joven vive un verdadero infierno: no encuentra seguridad en ningún lugar porque su entorno está marcado por la irracionalidad colectiva.

Una y otra vez los pueblos caen en trampas electorales, esas que terminan revelando las verdaderas intenciones de quienes, en campaña, se disfrazan de ovejas, pero gobiernan con instinto de lobo. No es mi caso. No voté por el proyecto político en mención, justamente porque el conocido saltimbanquismo de su líder político ya advertía el rumbo de las decisiones que hoy padecemos. Por eso puedo decir que no caí en esa trampa electoral, aunque sí me corresponde, como creador y ciudadano, señalar sus consecuencias.

No me quiero referir aquí a graves episodios de orden universal como el agua —problema que hoy también golpea con fuerza a nuestro municipio—, ni a la venta de las empresas públicas a privados, ni a las cuentas embargadas, ni siquiera a la sanción disciplinaria impuesta por la Procuraduría General de la Nación, a través de la Procuraduría Provincial de Instrucción de Ipiales. Prefiero detenerme en un ejercicio de control ciudadano que me compete como creador y como habitante de este territorio.

Empecemos con las cuentas de los dos últimos años del Carnaval Multicolor de la Frontera. En 2025 se gastaron 2.100 millones de pesos; en 2026 la cifra ascendió a 3.584 millones, sin contar premiaciones ni contribuciones del sector privado. Las cifras, por sí solas, podrían sugerir crecimiento y fortalecimiento institucional. Sin embargo, cuando se observan con mayor detenimiento, también revelan cómo la fiesta se convierte con facilidad en un escenario políticamente rentable, mientras los problemas estructurales de la cultura permanecen intactos durante el resto del año.

La fiesta es, sin duda, un gran escenario donde convergen diversas manifestaciones culturales que desde hace varias décadas demuestran el valor simbólico y creativo de nuestro territorio. Pero detrás de esa postal festiva también se esconden retrocesos que preocupan a quienes viven el carnaval desde adentro. Los desfiles, por ejemplo, han sufrido un evidente retroceso técnico: la ausencia de música en vivo ha restado fuerza, ritmo y autenticidad a las comparsas. A ello se suma el cambio constante de las rutas de desfile, decisiones que parecen responder más a caprichos políticos que a criterios técnicos o culturales, alterando cada año la dinámica de participación de creadores y público.

A estas dificultades se suma otro aspecto que genera preocupación entre los cultores del carnaval: la idoneidad de los jurados y veedores en las categorías concursables. En varias ocasiones, estas responsabilidades han recaído en profesionales provenientes de disciplinas ajenas al campo artístico —historiadores, matemáticos, profesores de educación primaria—, lo que pone en entredicho los criterios técnicos con los que se evalúan obras que requieren conocimiento específico de procesos estéticos, coreográficos, musicales y escenográficos. Esta situación no solo evidencia una preocupante falta de rigor en la selección de quienes juzgan el trabajo de los artesanos, sino que también deja al descubierto la capacidad de análisis y coherencia de los directivos encargados de la preparación, gestión, ejecución y evaluación del carnaval.

A esto se suma la falta de apoyo sostenido a procesos fundamentales como la escuela EFAMI, así como la escasa o nula convocatoria a espacios de participación formativa para creadores, músicos, bailarines y gestores culturales. El carnaval no puede sobrevivir únicamente como espectáculo de temporada si, durante el resto del año, se debilitan los procesos pedagógicos, organizativos y creativos que le dan vida.

Lo más coherente que puede hacer el pueblo es ponerse en los zapatos del artesano, muchas veces instrumentalizado por las organizaciones de carácter público. En este caso, la Alcaldía de Ipiales delega la administración de los recursos del carnaval al Fondo Mixto de Cultura, mientras el Departamento Administrativo de Cultura —que durante el resto del año permanece prácticamente ausente frente al fortalecimiento de las distintas disciplinas artísticas del municipio— aparece únicamente en temporada de fiesta. Así, los aportes a la calidad, los subsidios, premios y demás derechos ganados a pulso por quienes sostienen la esencia del carnaval terminan sometidos a trámites, intermediaciones y decisiones que poco dialogan con la realidad de quienes crean la fiesta. Mientras tanto, los artesanos continúan sosteniendo el carnaval con lo único que nunca les falta: un amor profundo por su manifestación. Son meses interminables entre préstamos, sobreendeudamientos, dudas y obras que superan en calidad la realidad económica que el municipio aporta para su presentación.

El Carnaval Multicolor de la Frontera, que hace algunos años fue referente festivo del país y del mundo, hoy parece disminuir lentamente, como si se redujera a cenizas, tal como ocurrió con la Biblioteca de Alejandría bajo los ojos de Julio César, emperador de Roma. Desde 2025, por ejemplo, ya no son invitados a la fiesta los municipios de la subregión de Obando, célebres acompañantes del carnaval que dejaron de asistir justamente por el insignificante aporte realizado por la entidad rectora de la celebración.

De esos casi 3.600 millones de pesos ejecutados, más del 45 % está destinado a la verbena popular, un espacio donde el dinero termina diluyéndose a través de la intermediación del Fondo Mixto de Cultura, entidad “privada” que administra recursos públicos. Una situación que debería ser auditada por los entes de control y las autoridades competentes para aclarar —o suspender, si es necesario— su accionar, y para abrir el debate sobre la necesidad de que los propios artesanos tengan voz en la elección de la organización que custodia los dineros públicos de los ipialeños.

A esta preocupación se suma el informe presentado el pasado jueves 5 de marzo de 2026, en el que se expusieron cifras sobre el dinero ejecutado sin que se presentaran con claridad los contratos correspondientes. Lejos de despejar las dudas de la ciudadanía y de los propios cultores del carnaval, dicho informe terminó sembrando una mayor sensación de desconfianza sobre el manejo de los recursos destinados a la fiesta.

Pese a los múltiples reclamos de la ciudadanía y de los artesanos, el estado de este patrimonio cultural permanece en cuidados intensivos. Es como si la fiesta hubiera sido mordida por un perro rabioso y a nosotros nos correspondiera el lugar de paso al ser poseídos por el demonio de la rabia.

Ni Dante, ni Kafka, ni el mismo arquitecto del realismo mágico imaginó tal escena.

teatrovivo.tulcanortega12@gmail.com

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¿Por qué el Relato domina al mundo?

¿Por qué el Relato domina al mundo?

¿Por qué el RELATO domina al mundo?
El relato ha sido la herramienta más poderosa creada por la humanidad: une, moviliza y también manipula. En esta columna, José Humberto Guerrero explica cómo las narrativas moldean sociedades enteras y determinan lo que creemos, defendemos y tememos. ¿Quién controla hoy los relatos que guían al mundo?

Por : José Humberto Guerrero

El hombre no conquistó el planeta por la fuerza física ni por ser más sabios o por nuestra inteligencia, sino por nuestra capacidad única de crear y creer en mentiras compartidas. El Homo sapiens aprendió hace 70,000 años que una historia bien contada podía unir a millones de extraños bajo un mismo propósito. Esta habilidad transformó a tribus en imperios y convirtió simples pedazos de papel en divisas globales, permitiendo que la información y la tecnología se expandieran a una velocidad vertiginosa.

En ese orden, los humanos solo tenían que creer el mismo relato. Y un mismo relato puede darse a conocer a miles de millones de individuos. El relato puede conectar un número ilimitado de personas. Por ejemplo, los 1.400 millones de la Iglesia católica conectados con la Biblia; los 1.400 millones de ciudadanos chinos conectados por la ideología comunista y nacionalista, y los 8.000 millones de habitantes de la Tierra conectados a la red de comercio mundial a través de relatos sobre divisas, compañías y marcas.

Hoy, el relato ha dejado de ser una herramienta de supervivencia para convertirse en el motor de realidades intersubjetivas. No estamos unidos por verdades biológicas, sino por construcciones mentales: la Iglesia se sostiene en la Biblia, las naciones sobre una bandera y la economía mundial sobre la confianza en marcas y algoritmos. Sin  embargo, este poder es un arma de doble filo. Al no ser realidades objetivas, crea identidades que, aunque ficticias, dictan quién es nuestro aliado y quién nuestro enemigo.

Las corporaciones y las ideologías modernas operan bajo la misma lógica que los mitos antiguos: crean identidades e intereses que solo existen en nuestra mente. El peligro reside en que, al ser construcciones sociales y no leyes de la naturaleza, estos relatos suelen ser moldeados para favorecer intereses particulares, dando paso a la manipulación masiva. Esa es la trampa de la narrativa moderna.

Ante el bombardeo constante de narrativas modernas, debemos actuar con pensamiento crítico y juicio. No aceptes un relato solo porque te parece bonito; cuestiona, traduce y analiza a quién beneficia, y recuerda que, así como los humanos inventamos estas historias para colaborar, tenemos el poder de desecharlos cuando dejan de servir al bien común. Solo así podremos diferenciar la información verdadera y la falsa.

En conclusión, el relato es la tecnología más poderosa y peligrosa creada por la humanidad. Es el pegamento que nos permite construir civilizaciones, pero también la venda que nos impide ver la realidad detrás de las ideologías y los intereses corporativos. Cuando un relato deja de ser una herramienta de cooperación y se convierte en una prisión ideológica, el equilibrio del poder se distorsiona. Ya sea por imponer narrativas falsas, la construcción de relaciones ficticias, crear realidades intersubjetivas o producir redes humanas a gran escala. Las redes basadas en relatos hicieron del hombre el animal más poderoso del planeta, al conferirle una ventaja decisiva sobre animales y especies humanas remotas. El relato sigue teniendo un alcance humano inimaginable.

creerjhg63@gmail.com

 

 

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