“…qué acto pedagógico puede ser mayor que el del amor, qué actitud puede ser más sublime que el ser madre en los momentos aciagos, no importa de quien, qué aula puede ser más perfecta sino aquella en la que se protege la vida con la vida, verdadero sacrificio; y segundo que maestra es capaz de ofrendarlo todo, todo por preservar su fe en el futuro de los niños, la esperanza…”