Aproximación Histórica

al Carnaval Multicolor de la Frontera

(Tercera entrega)

Cabalgatas y Familia Ipial

La tradición oral ipialeña recoge que en la década de los 30 y 40 se popularizó entre las familias más acomodadas económicamente la celebración de Cabalgatas, trayendo de sus fincas los mejores ejemplares equinos, de tal manera que se generaba una especie de competencia entre éstos; como es lógico, salían ataviados con polainas y chaparreras de pieles que se conseguían en el Putumayo o en el Pacífico nariñense.

Los jinetes, que se paseaban del parque Bolívar -hoy Santander – al parque 20 de Julio, pasando por San Felipe, arrojaban dulces y monedas a los transeúntes, lo cual fue degenerando en varios exabruptos y atropellos,

“En algún momento, estas cabalgatas fueron bien recibidas por los ipialeños pero la tensión se genera cuando estos personajes se embriagaron, arrojaron dinero a los transeúntes y estos en el afán de recoger las monedas fueron atropellados y humillados” (Caicedo, 2016, p. 5).

Las cabalgatas pueden estar asociadas a las fiestas de toros que se realizaban en estas décadas, “digamos que hasta hace pocos años los ipialeños practicábamos la costumbre de entusiasmarnos con las fiestas populares de toros, las cuales debieron llegar primero a Quito con el ánimo quijotesco de los conquistadores y luego a esta ciudad fronteriza por cualquier otro detalle, que pudo ser de don Pío Montúfar, Marqués de Selvalegre”(Pantoja, 2003, p. 141).

Se menciona que las corridas se practicaban en los parques Santander, La Pola y 20 de Julio, y muy esporádicamente en la Plaza de los Mártires, donde durante tantos años funcionó la plaza de mercado municipal; son fiestas que se realizan también para ocasiones importantes con el fin de recoger recursos, como la inauguración del Aeródromo o un cambio de gobierno; se resalta que eran auspiciadas por las autoridades municipales, los toros o novillos eran obsequiados o vendidos a bajos precios por las familias más adineradas de la ciudad, traídos de sus haciendas de Guachucal o Túquerres, y esporádicamente del Ecuador, lo que demuestra la interrelación regional frente al marco de las celebraciones, si bien no hubo reinado, si hubo carrozas alegóricas a dicho centenario.

A mediados del siglo XX, salen los “Velas” con sus cabalgatas, junto con miembros de las familias más pudientes, a exhibir sus zamarros y sus yeguas finas, como una prolongación de la sociedad señorial, además traían su comitiva de indígenas para que alegraran las fiestas, ya que éstos habían sido desposeídos de sus resguardos por estas familias, quienes además habían recibido las tierras de la denominada “manos muertas”, ya que entonces no se reconocían los títulos que amparaban a estas comunidades en su propiedad sobre la tierra que habitaban ancestralmente.

En el parque de La Independencia organizaban toros y fiestas, para luego divertirse domésticamente en el Club Ipiales, localizado en la calle 9ª. Una que otra vez salían nuevamente a la plaza y arrojaban serpentinas, dulces y monedas para los asistentes, principalmente niños de escasos recursos, muchos de los cuales fueron víctimas de las patas de los equinos, acumulando poco a poco la antipatía de los lugareños (Velásquez, 2013; Tobar, 2021).

Avelino vela Coral es uno de los autores de la ley 131 de 1993, por medio de la cual se crea la municipalidad de Obando con capital Ipiales
Don Alfredo Salas, ganador del primer premio ($ 50.0) pesos imitando al voceador de periódico de la época (1950)

Ya desde la década de 1940 se hacen desfiles y concursos de trajes individuales y uno que otra carroza, como se puede testimoniar en fotografías de la época, especialmente las de Teófilo Mera; un comerciante dona un borrego, otros aguardiente, y así se van sumando los promotores y los protagonistas, hasta el punto que desde el parque La Pola hasta el parque de La Independencia, salen el 6 de enero un sinnúmero de personajes que le van dando cariz a este carnaval, imitando al carnaval de Pasto, ya que muchos habitantes de Ipiales y de la comarca habían estado en estas fiestas capitalinas, ya más organizadas y con un arraigo popular importante.

De tal manera que: “hasta promediar la década de los años 50, la administración municipal empieza a organizarlo, contando con la colaboración de sectores y personas entusiastas que habían tenido la oportunidad de asistir al carnaval en la ciudad de Pasto” (Garzón, en Velásquez, 2013, p. 47). Este dato es revelador, ya que permite inferir que es en esta década cuando el gobierno municipal se apropia de los carnavales y empieza a destinar unos recursos para su organización, aunque los premios seguían siendo donados por particulares, especialmente por los comerciantes o la Aduana Nacional, según tradición oral recogida en el municipio.

Uno de los elementos que se ha mantenido a lo largo de los carnavales y del cual se tiene referencia desde los años 30 (Guerrero, 2001; Velásquez, 2013) es el Matachín, quien ataviado con una gruesa capa de musgo, que puede ser un oso o un mono, con fuertes connotaciones religiosas en el África,

Lo curioso es que este elemento también aparece en las fiestas del Pacífico nariñense, particularmente desde el 28 de diciembre, desde Ricaurte hasta Tumaco, y también en la vía que de Junín conduce a Barbacoas, en el Carnaval del Fuego de Tumaco está presente, muchas veces acompañado de un fuete para poner orden y también acompañando a quienes piden dinero para las fiestas, en particular a los vehículos que transitan por la vía al Mar, ¿acaso una presencia ancestral que une a la sierra con la costa nariñense?

Aquí se presenta un enfrentamiento social entre las familias pudientes y el conglomerado social mayoritario, en la medida que el pueblo ve el espectáculo de las cabalgatas como algo propio de los grandes terratenientes, quienes por demás han ostentado el poder político y cultural por décadas y a quienes el dinero les posibilita darse el lujo de las excentricidades y de participar en las fiestas en los salones de las viejas casonas republicanas o en las haciendas que se han transmitido de generación en generación; mientras que éstos, ven a lo que denominaban “populacho” como algo inferior a sí mismos, de tal manera que requieren de su concurso para salir del barbarismo que los acompaña, como otrora hicieron los españoles con los nativos indígenas.

De tal manera que la ostentación en el caballo cumple una misión simbólica de dominio sobre el otro, además el hecho de lanzar monedas para que éstos las recojan se aleja de toda comprensión solidaria, se hace para demostrar que tienen dinero para derrochar, muy alejados de la caridad cristiana, la cual pregonan en santuarios y templos.

La agresión a un caballo de las cabalgatas (Guerrero, 2014, p. 26), tienen una connotación muy simbólica, ya que se recuerda la invasión bárbara que ejercieron los españoles contra los indígenas, viendo a este animal primero como un dios, al cual se reverencia, pero cuando éste forma parte del exterminio se busca agredirlo, hasta intentar desaparecerlo del paisaje o integrarlo, como se hizo con el mestizaje, a las labores agrícolas o de laboreo, hasta tal punto llegó el incidente que las cabalgatas desaparecieron del Carnaval de Ipiales, hasta un intento de resurgimiento en los años 90, esta vez ligada más la simbología al paramilitarismo y a los dineros emergentes del narcotráfico, lo cual, como es obvio en un carnaval cimentando en lo popular, no arraigo y también se auto eliminó.

Las organizaciones sociales, desde diferentes matices, buscan que este carnaval se parezca un tanto más al de Pasto, de tal manera que se reúnen en un conocido bar de la época, años 60, y surge la idea de crear la Familia Ipial, en una clara concordancia a la llegada de la Familia Castañeda en Pasto.

El carnaval de 1960 ya presenta una organización definida, en donde todavía las fiestas decembrinas, partiendo desde el 15, se conjugan con las del carnaval en una sola entidad, entonces habían desaparecido los negritos y únicamente se jugaba, que era el término empleado hasta los años 80, el “6 de Enero”.

Segundo Manuel Solís, más conocido como “El Tango”, es quien propone la idea de crear esa familia ; personaje de extracción popular, quien fue integrante del sindicato de zapateros, así como miembro de la banda municipal, amante del fútbol, quien se radica en Pasto en 1955. Retorna a su tierra, y el 5 de enero de 1966 se cristaliza  la “Familia Ipial”, saliendo por primera vez por las calles de la ciudad, bajo su dirección repetirán el acontecimiento durante los dos años siguientes, ya que fallece en 1968, retomando entonces la dirección su hermano Alirio Solís, actualmente radicado en Pasto (Chamorro, 1987).

“La Familia Ipial surge en contraposición a las cabalgatas, propuesta ideada con el ánimo de cambio, innovación y transformación para que el carnaval pase del juego brusco a ser un espacio de demostración de la cultura popular, estadio en el cual se pueda hacer la representación, surja la crítica, el buen humor y la alegría dentro de un marco de respeto y en la búsqueda constante de nuestra identidad cultural” (Guerrero, 2009, p. 56).  

Este acontecimiento va a marcar la historia del Carnaval de Negros y Blancos de la ciudad de Ipiales en dos, ya que a partir de entonces hay un fuerte sentimiento popular de apropiación de la fiesta, integrando a los diferentes barrios donde habitaban los artesanos y artistas, murgueros y carroceros, que ya habían puesto en escena sus diferentes obras, ahí aparecen representantes de El Gólgota, Méjico, Alfonso López, El Charco, San Vicente, Centenario, Libertad, Benjamín Herrera, San Vicente (Velásquez, 2013), y con la participación de grupos culturales y de obreros, donde los estudiantes universitarios cobran especial importancia.

De igual manera los personajes habituales en el carnaval, se mezclan con los nuevos, creando una hermosa amalgama entre lo tradicional y lo contemporáneo, tales como José Pepinosa -célebre por sus representaciones en Semana Santa como el Judío Errante, además de haber sido el primero en disfrazarse de mujer-, Gilberto Coral “El Chico”, Carlos Montenegro “Tolí de la Barca”, entre muchos otros más.

Imposible no hablar de los llamados convulsionados años 60, sobre todo porque a nivel mundial se experimentan una serie de cambios grandes a hechos muy importantes, como son el Mayo Francés (1968), la Primavera de Praga (1968) y el Movimiento Estudiantil de México (1968), que se van gestando a raíz de diferentes movimientos y pensadores, los cuales de una u otra manera llegan hasta este territorio, no en vano en esta década se funda la Cámara de Comercio de Ipiales (1960) y la primera Junta de Acción Comunal del Barrio Obrero (1962), el Movimiento Cívico Popular (1969), así como la Casa de la Cultura (1971), en un claro reconocimiento de las incidencias mundiales dentro de una comarca que siempre ha estado abierta al mundo, dada su condición de frontera con el Ecuador, recibiendo a escritores, pensadores, políticos y artistas de todas las corrientes y vertientes.

Resulta interesante que en la década de 1960 el teatro en Ipiales presente un desarrollo importante, el antecedente principal son las obras montadas por las sociedades culturales y de obreros desde la primera década del siglo XX, las cuales son recogidas por la Sociedad del Trabajo (1937), Sindicato de Carpinteros 12 de Octubre y otros más. El Teatro Experimental del Aire, dirigido por Eliseo Concha, el Teatro Experimental de Ipiales, el Teatro Estudio, Teatro El Telón, Teatro Expresión y Teatro La Cantera (1978), son importantes para desarrollar el componente escénico en los carnavales de Negros y Blancos, hasta el punto de que este último obtiene varios premios en la modalidad de carrozas.

Ligia Sambrano, Carlos Montenegro en una comparasa de la Familia Pial

El desarrollo del carnaval a partir de la fundación de la Casa de la Cultura (1971) es muy importante, porque se van a recoger las experiencias artísticas y estéticas de jóvenes profesionales que, contando con la experiencia de quienes hacían la fiesta tradicionalmente, permiten una identificación más profunda del Carnaval de Negros y Blancos, además de intentar en algunos momentos la capacitación para artesanos y gestores del mismo (Velásquez, 2013, p. 78 ss).

En 1972 la Casa de la Cultura participa en los años viejos, con un tema social que determinó de una u otra manera el rumbo de este evento, iniciando de esta manera una crítica social desde la fiesta (Garzón, 2016).

Mucho se ha especulado sobre la existencia del Cacique Ipial, quien a manera de Pericles Carnaval – cuyo origen se remonta a los Carnavales y Reinados Estudiantiles en Bogotá – o Joselito Carnaval, era el encargado de abril la fiesta y de presidirla. Desde luego que la figura histórica no está documentada por ningún lado, ni en los Cronistas de Indias que visitaron este territorio durante la Conquista, ni mucho menos en investigaciones posteriores, en razón a que es una invención del Carnaval, fue una idea que surgió y que se valida en la medida en que en el Carnaval todo está permitido, una especie de performance si se quiere, en donde se acude a un elemento ancestral aglutinador dentro del imaginario ipialeño que, a diferencia de la Familia Castañeda de Pasto, cuyo origen es netamente mestizo, en el de Ipiales se quiso simbolizar el sustrato indígena Pasto de la comarca:

“Don Segundo Manuel Solís, para Ipiales, buscó en los libros, en los escritos y los cuentos sin encontrar algo que le diera identidad a nuestra región y a nuestra cultura, crear un cacique Ipial que nunca existió o si lo hubo poco o nada se sabe, pero lo importante es que detrás de ese intento una comparsa de danzantes, músicos, cómicos, serios, se constituyeron en el pregón del 5 de enero” (Fundesa, 2001, p. 7). La Familia Ipial, en su contexto primigenio, estuvo muy ligada al teatro callejero, su intención era alegrar la fiesta, de ahí los disfraces y el jolgorio que acompañaba durante todo el recorrido,

“La segunda generación de la Familia Ipial se aparta del teatro callejero y se inclina por la versión indigenista que perdura hasta la época actual, pero opacada y con riesgo de desaparecer por los nuevos elementos que le ha introducido la organización de Eventos y Festejos Populares” (Guerrero, 2014, p. 68), lo cual también puede interpretarse como la evolución natural que debe tener el Carnaval, entendido como algo que conserva las tradiciones pero que se acomoda a las circunstancias, entre estos las estéticas, de las diferentes épocas. Durante muchos años la familia Ipial fue representada por la familia Solís, herederos de los fundadores, sin embargo en 2008 la Secretaría de Cultura de Ipiales abre una convocatoria para que dicha representación sea asignada mediante concurso, lo cual se mantiene hasta la actualidad.

En la década de 1940 las carrozas eran muy sencillas, elaboradas por los artesanos que hacían también las decoraciones del 16 de diciembre para el paso del niño, muchos de los cuales elaboraban también los años viejos el 31 de diciembre, inicialmente fueron llevadas en carretas de caballos, comunes por entonces en el territorio; a partir de los años 50 y 60 se unen los motoristas y reemplazan la tracción animal, hasta llegar en los años 70 y 80 a ser llevadas sobre planchones en camiones, para ser sustituidos a mediados de los 80 por complejos sistemas móviles, a la usanza de los carros alegóricos de Pasto, para de esta manera tener un mayor movimiento y también un acercamiento al público espectador.

El Carnavalito

 

El 4 de enero, a partir de 1978, es el día del Carnavalito, dedicado exclusivamente a los niños, también siguiendo al Carnaval de Pasto, hasta decantar en las singularidades propias que lo caracterizan el día de hoy; su origen se encuentra en el barrio de artesanos Gólgota, origen de muchos elementos del Carnaval en Ipiales.

Ahí se inició de manera barrial, hasta que muchos barrios instan a la Acción Comunal para que la expanda por toda la ciudad, de tal manera que así se ha hecho desde la fecha, evento financiado por la Alcaldía Municipal, pero bajo la organización de la JAC de este populoso barrio ipialeño, “se busca con ello la creatividad, despertando el interés que en cierta forma es la garantía de perpetuar nuestras tradicionales festividades, porque ello representa la mejor oportunidad de sostener una sana integración entre la familia” (Fundesa, 2001,p. 41).

Retazos

Falleció Elenita Ramírez Artista del Carnaval Multicolor de la Frontera

…Después de soportar, duros quebrantos de salud, durante 18 meses aproximadamente, falleció la artesana que se destacó por su trabajo en e Carnaval Multicolor de la Frontera, su incansable lucha por reivindicar los derechos de los artistas y artesanos del sur de Nariño, los derechos de las mujeres y la protección a la niñez menos favorecida a través del arte y la cultura, quedaran grabados en la memoria de los Ipialeños…

Carlos Cabezas Villacrés, abogado y Político Ipialeño

… se desempeña como Juez municipal en Pupiales (1965-1969), Juez municipal de Ipiales (1969-1971), Personero del municipal de Ipiales (1972), Alcalde de Ipiales, por designación del Gobernador de la época (1973), Secretario de Fomento y Desarrollo de Nariño (1976), Representante a la Cámara (1978 – 1982), Contralor General de Nariño (1981-1983), Director Regional del INURBE en el departamento de Nariño, concejal del municipio de Ipiales por el Partido Liberal, en seis oportunidades, Secretario de Gobierno Municipal de Ipiales (2001 – 2003)…

“Sima” de Alfonso Alexander Moncayo entre las mejores novelas del siglo XX

 “Sima” de Alfonso Alexander Moncayo entre las mejores novelas del siglo XXHace 84 años se publicó “Sima”, de Alfonso Alexander Moncayo. Novela apasionante acerca de una ciudad teológica, sifilítica y mística; considerada entre las cien mejores novelas de la historia...
La Murga en el Carnaval de Ipiales.

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… Es innegable que el Carnaval de Negros y Blancos se originó como tal en la ciudad de Pasto, Nariño, de allí que tampoco se puede negar que entre las primeras expresiones que lo integraban estaba la Murga, de allí se desprende la primera definición de Murga del carnaval en el Sur Occidente de Colombia…

Tardía convocatoria para el afiche del Carnaval.

Tardía convocatoria para el afiche del Carnaval.

Desde el Departamento Administrativo de Cultura se argumenta que entre los diseños que concursan se elegirá la imagen que representará y publicitará ese magno evento. “El afiche del carnaval en Ipiales hace mucho que perdió su razón de ser, y se ha convertido en una actividad para cumplir y asignar el premio de acuerdo a la simpatía de la organización, manifestó u ciudadano”

La Comparsa en el Carnaval Multicolor de la Frontera

La Comparsa en el Carnaval Multicolor de la Frontera

…Desde 2006, aproximadamente, representantes de los artistas, artesanos y cultores del Carnaval Multicolor de la Frontera, se proponen repensar, replantear la modalidad comparsa de carnaval intentando el rescate de la idea original para que ésta siga siendo una de las manifestaciones, junto con la murga y el disfraz tanto individual como por pareja, más representativas de lo que hoy constituye el Carnaval de Negros y Blancos en Ipiales…

Laura Patricia Gallardo Oyola, quien bajo el seudónimo Piña Vainilla presentó su propuesta con el título ‘Noche de Cuerdas entre montañas’ al concurso del afiche promocional de la décimo tercera versión del Festival Internacional Ipiales Cuna de Grandes Tríos.

Laura Patricia Gallardo Oyola, quien bajo el seudónimo Piña Vainilla presentó su propuesta con el título ‘Noche de Cuerdas entre montañas’ al concurso del afiche promocional de la décimo tercera versión del Festival Internacional Ipiales Cuna de Grandes Tríos.

Es barranquillera, licenciada en educación especial, desde hace 6 años se encuentra radicada en la ciudad de Bogotá, donde trabaja con primera infancia y población vulnerable mediante proyectos relacionados con la estética, aficionada al dibujo y la ilustración, por...